Coleccion de sexo El perrito de mi vecina (SEX)


⇓ Descargar Vídeo HD

Coleccion de sexo
Los Cuentos del Dr Morbo

El perrito de mi vecina

Este relato es producto de una fantasía. En ningún momento agredí ni fui agredido por mujer alguna. Especialmente dedicado para alguien que me confió esta fantasía. Acá está la prueba de quien soy.

Sofía vive en la casa lindante a los fondos de mi casa, tiene un perrito pequeño de esos que ladran todo el día y es bastante molesto. Numerosas veces he intentado hablar con ella por esa situación, ya que el animalito no reconoce horarios y no suele descansar de sus molestos ladridos.

Si tengo que describir a Sofía, baste con que les diga que es una mujer bastante atractiva, aunque discreta en su vestimenta. Pasa mucho tiempo sola, ya que su esposo es representante de una marca importante y viaja muy seguido a otras provincias.

Ese día yo estaba bastante molesto, pues el perrito no había parado de molestarme con sus agudos ladridos y ya era tarde, por lo que me decidí a dirigirme una vez más a la casa de mi vecina.

Mi enojo era mayúsculo, pero se disolvió bastante cuando Sofía me atendió, pues llevaba puesta una camisa seguramente de su marido, pues era bastante amplia, sus tetas se dejaban traslucir tentadoras por entre los botones superiores desprendidos, sus piernas asomaban cubiertas por unas calzas que demarcaban perfectamente sus formas.

-¿Qué necesitas?- me dijo de manera un poco despectiva apenas abriendo un palmo la puerta.

-vengo hablar por tu perrito, necesito una solución- dije yo un poco distraído por el espectáculo que se ofrecía a mis ojos.

-¿Qué pasa?, ¿otra vez te está molestando?- me dijo casi burlándose

Yo tomé aire para contenerme, pues recobré mi enojo pero no quería pasar por maleducado.

-si, no para de ladrar y ya es tarde- le dije yo

Ella miró hacia adentro de su casa, como buscando algo.

-pasá, ponete cómodo y hablemos- me dijo ella aún con tono despectivo.

Cuando ingresé a la casa, me sorprendió la botella de licor a la mitad, el pequeño vaso aún con un resto señalaba a las claras que ella estaba tomando sola y sin compañía.

-¿está tu marido?, me gustaría hablar con él- le dije yo

-ayer se fue, y hasta la semana que viene no viene, si es que le conviene- se rió tentada por la repetición de la palabra ?viene?. Allí me di cuenta que ella estaba un poco afectada por el alcohol.

-bueno, no importa, vengo despues- dije yo tratando de levantarme

-¿Que pasa?, ¿me tenés miedo?, si no te voy a comer- me dijo consumiendo el resto de bebida en el vaso, mientras se ponía de pie.

-me parece que no estás en condiciones- dije yo

Me dio una cachetada que realmente me enfureció

-¿me estás diciendo borracha?- me dijo desafiándome al colocarse extremadamente cerca de mi rostro.

-controlate, no estás bien- exclamé tratando de mantenerme firme

-¿ahora me decís descontrolada?- me dijo luego de una nueva cachetada

-no me pegués, soy un caballero para reaccionar- dije yo en voz tremendamente contenida mientras también me ponía de pie.

Lejos de detenerse ella comenzó a reír casi desaforadamente.

-ay, no me pegués, no me pegués- dijo burlándose de mí mientras intentaba darme una nueva bofetada.

Reaccioné con velocidad, le tomé la mano en el aire y en un santiamén estaba a sus espaldas, sosteniéndole con fuerza la mano agresora, tomé su otra mano por delante, como ella se revolvía, debí hacer fuerza por lo que sin intención le apoye mi verga entre sus nalgas, y antes de que me diera cuenta, mi pija se puso dura como la piedra.

Ella sorprendida por mi dureza, se quedó inmóvil, acusando el impacto por unos instantes. El silencio cubrió la habitación. Yo sentí como su culo se ponía tenso

-¡soltame!, te lo ordeno- me dijo ella recobrando fuerzas

-no te voy a soltar- dije yo aprovechando para apoyarle con más fuerza mi verga

Comenzó a intentar zafarse, profirió insultos por doquier mientras intentaba liberarse

-yo te voy a enseñar, sos una nena caprichosa- le dije yo

Inmovilizada como la tenía, me senté en una silla, la coloqué sobre mis rodillas, con el culo en alto, ella intentaba defenderse como una gata salvaje. Le dí una palmada no tan fuerte como si significativa. Ella se quejó con fuerza.

-ay?hijo de puta?te aprovechás porque sos mas fuerte- me dijo ella

Una nueva palmada le arrancó otro quejido.

-¿te vas a quedar quieta?- le dije yo

Debo confesar que en ese instante miré el hermoso culo que tenía frente a mis ojos, era tentador por demás. Lo imaginé colorado por las palmadas y sin darme cuenta comencé a acariciarlo. La miré a la cara, sus ojos cerrados aceptaban gustosos mis caricias, por lo que comencé a apretar delicadamente las nalgas. Ella recostada sobre mis rodillas lanzó un par de suspiros, por lo que suavemente dejé al descubierto su bello culo, esta vez el sorprendido fui yo al advertir que no llevaba ropa interior. Un fuerte beso en una de sus nalgas, hicieron que ella repitiera el suspiro. Con uno de mis dedos comencé a recorrer la línea que conduce a su ano. Sin abandonar la suavidad comencé a rodear dicho orificio, dando golpecitos justo en la entrada.

-no?por favor?soltame- rogó ella

-¿de verdad querés que te suelte?- le pregunté

Tardó en responder, lo hizo luego de un par de gemidos

-no?no quiero- me dijo en voz muy baja

Abandoné su ano y seguí camino a su vagina, me sorprendió que ya estuviera húmeda. Mi dedo se apoyó en su clítoris, ella se aferro con fuerza a mis piernas y comenzó a moverse lentamente, sus ojos me miraban desafiantes, como intentando probarme si era capaz de darle placer. Mis movimientos eran lentos y cuidadosos.

Nos pusimos de pie, ella estaba impedida de caminar por sus calzas, por lo que la alcé en mis brazos, ella se dejó llevar contra una pared, allí la coloqué con su espalda apoyada en el muro, ella se quedó inmóvil, mi mano recobró su posición en su vagina, esta vez mi dedo penetró sin dificultad, mientras mi palma acariciaba su clítoris.

-¿y?, dame una cachetada ahora- dije mientras ya movía mi dedo en su interior.

-no?puedo- me dijo ella con voz titubeante

-vamos?¿Dónde está la que me puteaba?- dije yo desafiante

-por favor- dijo ella mientras ahora se aferraba a mi cuello

Mis dedos seguían sus movimientos, y ella comenzó a gemir. Intentaba mirarme pero sus ojos se cerraban por el placer que estaba recibiendo.

-acabá para mí, vamos- dije yo

Y ella, comenzó a jadear, sus manos me apretaban casi con furia

-sos un hijo de puta- dijo ella mientras sus temblores anunciaban la presencia de un orgasmo prometedor

-si, un hijo de puta que se está aprovechando de vos, yo te voy a sacar puta- le dije yo.

-siii?si?.- sus temblores se mezclaron con profundos jadeos, y su mano se aferró a mi verga casi con furia.

-chupámela- le ordené

Ella con prontitud se agachó ante mí, con presteza me desprendió el pantalón, haciendo que mi verga saltara como un animal embravecido. Ella se lo colocó en la boca, chupaba casi con desesperación, mientras una de sus manos me agarraba de los testículos, y la otra se empeñaba en ir y venir a lo largo de mi pija.

-así me gusta, que te ocupés de mi verga- le dije

sus ojos se elevaron hacia mí, su boca deglutió con facilidad toda mi verga, llegando a tocar con sus labios mis huevos que estaban a punto de explotar. Sin mediar palabras la hice poner de pie, la coloqué de frente contra la pared, y por primera vez enfrenté mi verga contra su vagina, ella dio un paso hacia atrás, levantando aún más su cola para facilitar la penetración. Yo la penetré casi con furia, ella lanzó un amargo gemido

-despacito?me vas a destrozar- dijo ella, creo yo más por placer que por verdadero sentimiento.

-si?te voy a destrozar?te voy a hacer mía- le dije mientras empujaba contra la pared.

Ella respondía mis movimientos con sus caderas

-te imaginabas que te iba a cojer así?- le pregunté yo morbosamente

-si?si?lo deseaba- respondió ella

Mis embestidas eran fuertes, y sus movimientos eran acordes, sus nalgas chocaban contra mi pelvis, mis manos la sostenían de la cintura, sus gemidos y jadeos se hicieron más frecuentes

-me vas hacer acabar?.dale?.cojeme así bebé- dijo ella

-te voy a dar para no te olvidés más- agregué yo

-si?si?siiiiii- ella indicaba a las claras que era presa del orgasmo.

Sus nalgas se apretaron contra mí, yo empujé fuertemente, como tratando de entrar lo más profundo posible. Mi acabada fue monumental, y mi semen comenzó a recorrer el camino de su pierna.

-ella se quedó inmóvil, contra la pared, sus ojos estaban abiertos por demás.

-¿vas a dejar que tu perrito ladre de nuevo?- le dije yo riendo en complicidad con ella

-¡olvidate!- me dijo ella recomponiéndose.

Nos acomodamos las ropas, y yo me dirigí hacia la puerta, de pronto me volví hacia ella y le dí un beso tremendo en la boca, ella respondió ansiosa con su lengua. Nos despedimos sin palabras.

Me fui a mi casa realmente extasiado por la experiencia vivida, y desde ese día, cada vez que el perrito de mi vecina ladra insistentemente, yo se que es porque ella está sola y espera mi visita.
Tags: relatos,puta,tetas,Desnuda,Culo,mamada,cogida,ama de casa,dominada

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *