Gratis sex Los cuentos del Dr. Morbo – De esposa a puta – 2º Cap (SEX)


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Los cuentos del Doctor Morbo De esposa a Puta Segundo capítulo La noche estrellada Una de las leyes de Murphy dice ?La duración del tiempo es inversamente proporcional a la necesidad de cada uno?. Para Juan que necesitaba un mes para el pago de las deudas, el tiempo pasó rapidísimo, Para Camila, que tan bien la había pasado, el paso de los 30 días fue sumamente lento, Intentó por todos los medios comunicarse con Mario, pero no lo logró. Pero tarde o temprano todo llega y ese fue el caso para juan y Camila, llegado el día, una enorme caja le fue entregada a Camila por el guardaespaldas de Mario. No dio ningún tipo de explicación antes de retirarse. Camila abrió ansiosa la caja, y se maravilló al ver que Mario le enviaba la vestimenta para esa noche y una tarjeta que decía: ?Hoy 22 hs. Noche estrellada? y a continuación le indicaba la dirección. Como la tarjeta venía a nombre de los dos, era seguro que ambos debían ir. Con respecto a Juan, cabe aclarar que había sido frizado por su esposa. No recibía ningún tipo de atención, ya ni siquiera le dirigía la palabra. Por eso cuando llegó a casa, se sorprendió cuando Camila le habló. -Llegó una invitación, hoy a las 10 de la noche, noche estrellada ? dijo Camila contenta, porque esa noche vería a Mario nuevamente. A Juan se le trastocó la cara -¿Noche estrellada?- dijo desesperado -¿Qué es?, ¿Qué significa Noche estrellada? Juan bajó la cabeza -Yo he participado como observador?- no pudo terminar la oración, fue interrumpido por Camila -No me importa nada, si voy a ver a Mario, no me importa nada. Camila fue a prepararse para esa noche. Abrió la caja, y observó que Mario había pensado en todo. Esta vez unas medias de red muy fina rojas, una tanga colaless de un hilo, un sostén sin breteles, un portaligas rojos, y un vestido también rojo y sin breteles, ajustado desde los pechos hasta la cintura, largo hasta los tobillos y con tajos a los costados hasta la cadera, unos zapatos rojos de taco alto coronaban la vestimenta. Camila se vió al espejo, se sentía una reina. Cuando salió del vestidor y Juan la vió se quiso morir, realmente estaba muy sexy. Ella estaba feliz y nerviosa. Cuando sonó el timbre voló a la puerta esperando ver a Mario, en cambio era el guardaespaldas el que los esperaba. Juan lucía destrozado, ni siquiera se había cambiado, por lo que el contraste entre ambos era mayúsculo. Los llevaron a un lugar que no era el despacho de Mario, era más bien un salón pequeño, sin características especiales, algunos autos de alta gama estaban estacionados afuera, ella quiso entrar rápidamente, pero el guardaespaldas la detuvo. -debe entrar del brazo de su esposo- le dijo muy serio Ella lo miró con incógnita, pero accedió y le dio el brazo a su esposo. Él con la cabeza gacha, la guió, entraron al salón, seis sillones estaban acomodados en dos de los costados del salón y ocupados por quienes seguramente eran los dueños de los vehículos de afuera, en el otro costado dos sillones más grandes a modo de tronos, uno más alto que el otro, estaban sobre una pequeña tarima. En el centro de la sala, varios elementos rompían la monotonía: una silla, un banco alto una lona y algunas cosas más. Se sintió atravesada por las miradas, cuyas caras libidinosas le causaron un poco de inquietud. Juan se veía más pequeño de lo que era en realidad, ella nerviosa esperaba ver a Mario. La espera fue breve, por la puerta apareció Mario, lucía majestuoso, la miró fijo a los ojos, ella quiso soltarse de Juan, que no se lo permitió. -Quieta allí ? ordenó Mario. Ella se quedó petrificada. Juan mirando fijo a Mario le dijo -Te entrego a Camila, mi esposa, delante de estos respetables testigos, que harán de observadores esta noche- Juan soltó a Camila de la mano y con un leve toque en la espalda le indicó que debía ir hacia Mario. Ella obedeció, indecisa, sin saber lo que sucedía se encaminó hacia Mario. Mario la tomó de la nuca y le dio un largo y apasionado beso que ella respondió con ganas, luego la apoyó contra su hombro, y deslizó una de sus manos por debajo de uno de los tajos del vestido, para manosearle la cola. Ella sonrió complacida mientras se escuchaban contenidas risas de los observadores. Juan ruborizado se mantenía inmóvil en el centro de la sala. A continuación Mario le habló a Camila. -Camila ¿sos mía? -Sí, respondió ella sin dudar. -¿Lo podés demostrar? Preguntó de nuevo Mario. Camila miró hacia los observadores, luego a Mario, que adivinó su incógnita. -Hacé de cuenta que son estatuas, no dirán absolutamente nada, mientras sacaba la verga Ella se arrodilló frente a Mario, confirmando lo que suponía, no tenía voluntad, obedecía ciegamente lo que Mario le ordenaba. Tomó la verga con una mano y le dio un suave beso, risas nerviosas se escucharon levemente, ella abrió la boca y comenzó a chupar muy delicadamente, puso mucha dedicación en su tarea, cerrando sus ojos para concentrase, pero cada tanto los abría, solo para ver como Mario la observaba con aires de superioridad. Ella sumisa con la otra mano acariciaba los testículos, dedicándose de lleno a satisfacer a su dueño. La verga se ponía cada vez más dura y ella se sentía orgullosa de tenerla entre los labios. De repente Mario la hizo poner de pié, muy suavemente le bajó el cierre del vestido, que se deslizó por su cuerpo, deteniendo su caída solamente cuando llegó al piso. Ahora exclamaciones de asombro se escuchaban mientras Mario, tomándola de una mano la hizo girar para que todos pudieran observar su cuerpo semi denudo -¿me vas a hacer un favor? Le preguntó Mario a Camila. Ella creyendo saber cuál era el favor, contestó afirmativamente, mientras se ruborizaba un poco. -Mi guardaespaldas hace mucho que no la pone- dijo Mario Camila lo miró sorprendida, no era lo que ella esperaba. Intentó hablar -Me harías muy feliz si lo consolás un poco. Ella dudó, una vez más quiso hablar, pero no pudo, no tuvo voluntad de oponerse. -Está bien- dijo solamente Camila. Mario la dejó sola en medio de todos, y tomando a Juan del hombro lo llevó a ?los tronos?. Camila se quedó quieta, esperando. Por la puerta apareció el gigante, así en ropa interior parecía más grande todavía, sus brazos, su pecho enorme, los músculos bien marcados lo hacían muy impresionante. Camila miró hacia Mario, ignorando a Juan completamente. Mario la miró y le hizo señas hacia el grandote, indicándole su tarea. Camila se acercó temerosa, muy despacio llevó su mano a la entrepierna del tipo. Lo que tocó era realmente enorme, una verga de un tamaño considerable, que hacía empequeñecer definitivamente a la de Juan, incluso a la de Mario. Ella retrocedió un poco, nuevamente risas de fondo contenidas, luego, movida más por la curiosidad que por otra cosa, lo desnudó, una sonrisa se le escapó de los labios al ver el tamaño de la verga, el tipo parecía un muñeco inmóvil e impávido, observaba a Camila, que se agachó, tuvo que abrir enormemente la boca para lograr chuparla, su mano iba y venía sobre el tronco de esa pija que se endurecía a cada instante. Ella sentía como los observadores comentaban entre ellos admirados y ella estaba decidida a complacer a Mario y a su enorme guardaespaldas. Acarició los enormes testículos, y fue aumentando el ritmo de su mano y su boca sobre esa pija descomunal mientras ahora con la otra mano se estimulaba ella misma el clítoris. Metió la verga en su boca lo más profundo que pudo cuando sintió temblar al enorme tipo y que con gruñido le derramaba el semen dentro de su boca. -Cuanta leche que tenés, papito- dijo muy excitada ? pero quiero más, quiero que me des toda la que tenés- pues quería establecer un cierto dominio sobre ese animal. El tipo no la dejó continuar chupando, la hizo poner de pié y con su mano le puso la verga entre las piernas, ella la sintió rozar su vagina y lanzó un gemido, tuvo que sostenerse de él pues el súbito éxtasis casi la hace caer. Él la sostuvo tomándole con fuerza el culo, lo que hizo que ella quedara prisionera de sus brazos, ella le besaba los pectorales, se abrazaba a él. Luego la hizo girar, ahora la dura pija se le apoyaba en el culo, ella movía el culo y gemía con fuerza, ahora la hizo apoyarse en el respaldo de la silla, él la tomó desde atrás, él tuvo que agacharse un poco, pero logró introducir la punta de su pene en la vagina, lo que arrancó un largo quejido de Camila por el tamaño de ese pistón de carne que pugnaba por introducirse en ella, El gigante la tomó con ambas manos de las caderas, y aumentó la presión sobre ella, a medida que más metía la verga, ella más se quejaba, más jadeaba y más gozaba. El movimiento del tipo comenzó a aumentar el ritmo, metía y sacaba la pija gruñendo como un cavernícola, ella se sentía desfallecer, el placer era supremo, por sentirse un juguete en manos de ese animal. Sus gemidos se hicieron más intensos y continuos, indicando la proximidad del clímax, nuevamente casi pierde el equilibrio, él seguía embistiendo con fuerza, ella jadeaba por el inminente orgasmo. Él se detuvo de repente, y sacó su pene de ella. Ella rogó impaciente -No, por favor, no me dejés así. Metémela El enorme macho no le contestó, la hizo recostar en el piso sobre la pequeña lona, con ambas manos le hizo abrir sus piernas, y se colocó en medio de ellas, y de un solo movimiento la penetró nuevamente, ella lanzó casi un grito, abriendo los ojos lo más grande que pudo. Sus jadeos de placer arrancaban risas de los observadores que miraban a Juan, sentado en el trono, miraba totalmente humillado como se cogían a su esposa.. -Siii, asi, métemela toda ? decía entre jadeos Los observadores murmuraban entre ellos -más, quiero más, dámela así- imploraba Camila. Ahora volvía sentir como el gigante la llevaba al orgasmo, Camila clavó sus uñas en la espalda del gigante, que mientras tanto embestía con fuerza, sintió en su interior como el climax se acercaba, y explotaba haciendo que se tomara fuertemente de quien la estaba poseyendo. Un largo gemido marcó el final de tan placentero camino. El gigante se puso de pie, mientras que ella quedaba rendida, recostada en el piso, con los ojos bien abiertos, todavía agitada por el placer que le había provocado ese camión humano. Ahora él la alzó en sus brazos, ella desnuda se abandonó a él, que la llevo y la dejó a los pies de Mario que la miró con una sonrisa. -¿Te gustó?-le preguntó Mario. -Si, es un animal.- dijo ella satisfecha -¿y a mí me vas a dejar así?- Dijo Mario -no, perdóname, dame mi lechita- dijo ella con un tono infantil en su voz. – no sé, te olvidaste otra vez de él y ahora está enojado de vuelta ? dijo Mario señalando su verga. Ella le tomó la verga con dulzura, le dio el acostumbrado besito en la punta de la pija. -Perdoname bebé, ¿me vas a dar mi leche?- le hablaba a la verga nuevamente con dulzura. Le dio un nuevo besito, después con la lengua tocaba suavemente la cabeza, comenzó a masturbar a su dueño, mientras su boca succionaba con fuerza, el semen no tardo en fluir y ella dejó que se derramara sobe sus tetas. Mario le pasó una toalla para que se limpiara y le indicó que se sentara sobre sus rodillas. Ella agotada, desnuda, y satisfecha se acomodó sobre Mario y suavemente se quedó inmóvil, abrazada a él. -bueno, ahora te vas a vestir y te vas a tu casa tranquila ¿me entendiste? -¿me puedo quedar con vos, aca? Preguntó ella -no, andá a tu casa, con Juan. Ya los voy a llamar Juan que estaba virtualmente destrozado y humillado escuchó como Mario lo amenazaba. -si te vas de tu casa, te mato ¿me entendés? Juan, asintió, y vencido se fue a su casa. Camila estaba en las nubes, gracias a las deudas de su marido, se había convertido en una puta, y eso le estaba gustando demasiado. Fin del segundo capítulo
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