Lo mejor de sexo Salió del placard. (SEX)


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Lo mejor de sexo
Cuando conocí a Juanjo tenía 28 años y estaba en una etapa sexual de mi vida en la que no le hacía asco a nada. Ojo, no hablo de aberraciones ni nada de eso, solo que no tenía problemas ni conflictos con el sexo grupal, lésbico, swinger, o sea estaba abierta a nuevas cosas o situaciones que me llenaran de placer.
Juanjo tenía 46 años, lo conocí de casualidad porque era el dueño de un restaurante al que yo iba seguido con mis compañeros de trabajo.
Un día se nos acercó y nos invitó a la fiesta de dicho local que se iba a celebrar por cumplirse el décimo aniversario ya que éramos clientes fieles.
Aceptamos la invitación de cajón.
La fiesta fue tremenda, contrató una banda de jazz, se comió y se tomó a lo grande y ahí fue cuando el aprovechó para acercarse.
Juanjo era todo un caballero, pulcro, formal, educado, un tipo bien. Tenía unos modales exquisitos, daba gusto conversar con él.
Me cayó bien de entrada.
Me dijo que hacía tiempo que me venía observando, que yo le gustaba mucho y si podía algún día invitarme a salir con él.
Asentí sin ningún problema. Como dije, Juanjo era un tipo muy agradable.
Empezamos a vernos seguidos y lo de él siempre apuntaba más a lo platónico que lo carnal, cosa que sinceramente me extrañaba. Pero también me gustaba.
Siempre había salido con tipos que se interesaban más en garcharme que en saber mi nombre. Juanjo era todo lo contrario.
De las cenas en el restaurant, pasamos a las cenas en su casa, el tipo era un Dandy, cuidaba hasta el más mínimo detalle.
Me enteré que siempre se había dedicado al rubro gastronómico, desde que empezó como ayudante de cocina hasta tener sus actuales tres locales. También supe de un corto matrimonio del cual no quiso hablar mucho como guardando algo. De ese matrimonio no hubo hijos.
Obviamente empezamos con la parte sexual de la relación.
Juanjo era muy convencional, no se salía de los cánones normales.
Sabía dar placer, era muy bueno en el sexo oral, pero lo demás no era nada de otro mundo.
Las relaciones eran cortas, yo estaba acostumbrada más a otra cosa, algo más animal, más salvaje. Igual debo admitir que Juanjo era todo suavidad, me trataba todo el tiempo como una reina. Pero ya lo dije, él apuntaba más a lo platónico que a lo carnal, así que las relaciones se fueron espaciando y con eso la relación empezó a decaer.
Como toda mujer, en algún momento hasta pensé que era yo la causa de ese déficit.
Con los días fuimos poniendo el tema sobre la mesa y él se empezó a sincerar.
-Mirá Fionna, no es que no me guste el sexo, me gusta mucho y vos no sos el problema, sos una de las mujeres más lindas que conocí-me dijo-
pero a mi me gusta el voyeurismo.
-Mirarte teniendo relaciones sería un placer inmenso para mi- agregó.
Debo reconocer que me sorprendió la propuesta.
Él no me parecía de esas personas, pero detrás de todo cordero siempre hay un lobo disfrazado.
Me pidió mil disculpas, se sintió incómodo diciéndomelo.
Yo del asombro pasé a la normalidad. Le pedí que profundizara.
Comenzó a contarme que era lo que más lo excitaba, sus deseos sexuales.
Me contó que hacía años se había dado cuenta de que era vouyeur.
Y ahí confesó que varias relaciones, después de su matrimonio, se habían terminado por esa causa. Muy pocas veces había logrado llevar a cabo su deseo, generalmente debía pagar para obtenerlo.
Acepté, después hablarlo abiertamente con él, acepté.
Sinceramente no me costó mucho.
El plan era simple, ibamos juntos a un bar, alguna disco o algo por el estilo y elegíamos la presa, por llamarlo de algún modo.
Luego, por separado llegábamos a su casa y el se escondía en el placard de su pieza mientras yo tenía mi perfomance. También me filmaba, después veíamos la grabación juntos. Como culminación del acto me hacía masturbarlo, muy, pero muy pocas veces volvimos a tener sexo normal. Yo igualmente estaba bien ya que mi dosis sexual la tenía cubierta con los chicos que elegíamos para el acto.
Me entregaba de lleno al plan y funcionaba de maravilla.
Los dos estábamos plenos.
Pero como toda cosa que viene bien siempre tiene que haber una complicación.
Una noche Juanjo me pidió que tuviera relaciones con el nuevo ayudante de cocina de su restaurante.
Debo admitir que Nicolás, así se llamaba, no estaba nada mal.
Era un pendejo recién egresado de una importante escuela de gastronomía, tenía 22 años, morocho ojos marrones pícaros y un buen lomo.
Accedí sin problemas, aunque meterme con empleados de Juanjo me daba cierta cosita.
La cuestión es que con cualquier excusa me fui metiendo en la cocina del local hasta que atraje la atención de Nico.
El pibe enseguida agarró onda, no tardó mucho. Sabía que yo era la mina del jefe pero no se hizo ni medio problema. Juanjo parecía más excitado que yo con la situación.
Quedamos en que una noche iríamos a mi casa.
Obviamente Juanjo organizó todo de manera que el plan siguiera saliendo a la perfección.
Avisó que tenía un viaje o no se que mentira por el estilo como para que los demás pensaran que ese día no iba a estar.
Así que pasé a buscar a Nico a la hora de salida del restaurante.
Llegamos a casa, nos pusimos cómodos, le ofrecí algo de tomar y aceptó.
A los diez minutos estábamos enroscados en el sofá besándonos profundamente.
Tenía más fuerza de la que parecía ya que me apretaba contra su cuerpo fuertemente. Enseguida sentí su bulto contra mi cuerpo.
Me sacó la remera y el corpiño y se me tiró con furia sobre las tetas. Me empezó a pasar la lengua por los pezones, su fuerza me excitaba, empecé a pasar mi mano en su bulto.
Metió su mano bajo mi pollera y yo ya estaba en llamas, así que sin más preámbulos lo agarré de la mano y lo llevé a la pieza, imagino que Juanjo debería estar desesperado dentro de mi placard esperando por nosotros.
Entramos a la habitación y me tiró en la cama. Se sacó la remera y me enseñó un cuerpo bien trabajado, yo mientras lo observaba me sacaba la pollera y la bombacha.
Cuando se desnudó en su parte de abajo me dejó absorta su poronga, era grande, ancha, no tan larga, pero muy ancha, llena de venas que latían.
Me dirigí sin pensarlo a esa pija y me la metí de la boca. Lo empecé a chupar y el me agarró del pelo.
La apertura de mi boca era extrema para poder abarcarla. Iba, venía y sentía latir la verga de Nico en mi boca.
El aprovechó mi chupada para empezar a pajearme. Sus dedos empezaron a jugar con mis labios vaginales. Yo estaba muy mojada. Como pudo se acomodó para que hiciéramos el 69. Yo tomaba su pija con las dos manos sin dejar de chuparla y el trabajaba mi concha y mi culo con sus manos y su lengua.
Acabé primero, me tensé todo el tiempo que duró el orgasmo.
Lo seguí mamando pero bajé el ritmo para disfrutar mi estado, igualmente Nico ya estaba listo, de a poco su verga empezó a escupir su leche dentro de mi boca, tres chorros calientes.
Nos relajamos, fui a al baño. Volví y me tiré directamente sobre él, nos seguimos besando.
A esta altura de las cosas yo siempre me imaginaba que estaría pasando por la cabeza de Juanjo mientras me miraba, lo hacía masturbándose, creyendo que era él quien me penetraba, tal vez como espectador era él quien se imaginaba protagonista.
Me subí sobre la pija de Nico y empecé a cabalgarla, me miraba la entrepierna para observar como mis labios vaginales abarcaban su tremendo aparato. Confieso que hay veces en que me gusta ver como soy penetrada y esta era una de esas veces.
Manejaba lentamente el ritmo estaba muy caliente con Nico entre mis piernas.
Subía y bajaba y no paraba de gemir. Nico mientras tanto me amasaba las tetas ¿sería su alma de cocinero?
Se incorporó lentamente y quedé sentada sobre él. No paraba de moverme.
El me besó ardientemente.
Me despegó suavemente de él hasta salirse de mí.
Mi vagina hizo un ruido terrible de esos que hacemos cuando perdemos aire por ahí.
Nos reímos.
Con sus manos manejó mi cuerpo hasta ponerme en cuatro.
Empezó a chuparme el agujerito del culo, metía su lengua caliente en mi. Yo me volví loca.
Con mis dedos empecé a trabajar mi clítoris para seguir con el ritmo.
Despacito apoyó la cabeza de su miembro en mi culo y de un solo movimiento me la puso hasta el fondo.
Grité, fue un gemido de placer fuerte. El empujaba con fuerza.
Si bien soy de expresarme mientras tengo relaciones, ahora estaba gritando, algo que no era muy común en mí.
Mientras me hacía el culo, me agarraba el pelo y atraía mi cabeza hacia él.
De pronto su pija se ensanchó y empecé a sentir toda su leche en mi culo.
Dio un resoplido de satisfacción y se quedó dentro mío hasta que largó el último chorro.
Su líquido caliente terminó de encenderme y mi orgasmo se presentó sin preámbulos. Con mis manos me agarraba y estrujaba las sábanas mientras entregaba mi cuerpo al éxtasis.
Nico se salió y su leche empezó a correr por mi cola, ese calor me calentaba, quería más.
Pero pasó lo inesperado.
De pronto se abrió al puerta del placard con un movimiento violento y apareció Juanjo totalmente desnudo. Como loco se arrojó sobre mi culo y empezó a chupar todo el semen de Nico. El pibe se separó de la cama y se quedó paralizado mirando la escena.
Juanjo me chupaba y no dejaba que se le escapara nada. Su lengua en mi culo trabajaba incansablemente buscando las últimas gotas de Nicolás.
Y sin decir más nada se puso en cuatro al lado mío.
-Ahora a mi Nico, haceme el culo, por favor!!!!!
Nicolás me miró, vi furia en su mirada. No sabía de que disfrazarme.
Cinco minutos después todo había terminado.
Nico se puso la ropa y se fue después de insultarnos de arriba abajo.
A Juanjo no le alcanzaron las palabras para pedirme perdón.
Nunca más nos volvimos a ver.
Hasta donde se, Nicolás dejó el trabajo.
Pero en lo que a mi respecta, me empezó a gustar el voyeurismo.
Es más, algunas veces hasta tomé el papel de Juanjo y en muchas oportunidades pasé noches encerrada en un placard, pero eso?eso es otra historia.
Fin.
Tags: relatos,Culo,voyeurismo,placard

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