Lo mejor de sexo soy puta parte 6 (SEX)


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Lo mejor de sexo
Por la tarde la llamó Ángeles, quien ya no era simplemente la vecina, ahora podía decir que eran íntimas amigas, pues se habían hecho confesiones tan personales que por necesidad se había establecido un vínculo entre ambas, un pacto de secreto, en definitiva una amistad floreciente.
Le preguntó si le apetecía acompañarla al cine con su hijo, al parecer estrenaban una película y le gustaría ir a verla con ella. Al parecer, a Ángeles le gustaba mucho el cine y siempre que podía iba con su querido Fran, pero esta vez le apetecía que les acompañase también su querida amiga Lucía.
Como no tenía planes aceptó en seguida, así que se vistió y bajó a su encuentro con unos vaqueros muy ajustados a su culo redondo y una camisa amarilla serigrafiada con un dibujo de las super nenas justo a la altura de sus tetas, con un escote redondo que dejaba entrever su canalillo, que le daba un aire muy juvenil y desenfadado.
e dirigieron en el coche de Ángeles a un centro comercial, muy concurrido de la cuidad. Cuando llegaron a comprar las entradas resultó que estaban agotadas. La peli era un estreno y estaban las sesiones llenas,a sí que aunque le molestó un poco entre ambas eligieron otra y compraron las localidades. Mientras esperaban estuvieron un rato de tiendas, viendo ropa principalmente y charlando sobre sus gustos en cuanto al vestir. Finalmente entraron a la sala cargados de palomitas y refrescos para tres. Fran se sentó junto a su querida Lucía a la derecha y su madre a la izquierda, ya con las luces apagadas comenzaron los trailers y a continuación vino la película.
El joven estaba muy juguetón aquella tarde y no paraba de comer palomitas y hacerle arrumacos a Lucía. Ella, como no estaba ciertamente interesada en la película, lo consentía y jugaba con él. La peli iba de un rollo romántico que tampoco parecía gustar al chico, pero cuando la pareja terminó de enamorarse y se acostaron, una tórrida escena de cama comenzó a proyectarse en la gran pantalla. El galán de turno se mostró como un campeón en la cama, arrancando toda clase de gemidos de su amada mientras estos se quitaban la ropa y entraban en faena. La actriz mostró orgullosa sus esbeltos pechos mientras cabalgaba a su enamorado debajo de ella, orgullosa de su sex appeal, levantó sus brazos tocándose el pelo sensualmente, lo que realzó aún más su bonito busto.
El caso es que la caliente escena pilló a todos un poco de sorpresa y especialmente Fran, que no quitó ojo de la pantalla en el par de minutos que duró el caliente encuentro. Tras esto se mostró mucho mas meloso con Lucía. Se giró y comenzó a darle besitos en las mejillas y ya que estaba a tocarle sus pequeños pechos limoneros. A Lucía le hizo un poco de gracia y se dejó hacer.
Ángeles se dio cuenta del numerito que estaba montando su hijo y lo reprendió tirándole del hombro con cierta brusquedad, obligándolo a ponerse derecho. Esto no sentó nada bien al chico, que con lo sensible que era empezó a gimotear un poco echándose para adelante en su asiento. Lucía lo consoló y acercándose a su madre por encima de suyo le susurró al oído.
– Tranquila Ángeles, sus juegos no me molestaban -además mira la sala estamos prácticamente solas.
Su amiga se giró y comprobó que únicamente había una pareja en las filas de atrás que tampoco parecían estar muy pendientes de la proyección. Así que se volvió hacia Lucía.
– Pero mujer, se estaba pasando un poco contigo, ¿no?
– Sólo me daba besitos, y bueno me tocaba un poco los pechos, pero a mi no me importa mujer, me hacía cosquillas la verdad -le confesó Lucía y luego añadió-, ¿a ti tampoco no?
– Bueno, no, es que pensé que no te gustaría… -admitió bastante cortada su madre.
– Vale entonces voy a consolarlo un poco, el pobre me da mucha pena.
Y dicho esto Lucía lo incorporó y secó sus lágrimas con un pañuelo de papel, luego apoyó su cabeza sobre sus pechos y escote restregándoselos con intención por su nariz y su boca. El chico se fue consolando y con lo que tenía delante no tardó en reaccionar y darle besitos también en su escote. Lucía, ni corta, ni perezosa se sacó un pecho y se lo ofreció a su boca, Fran lo saboreo dulcemente con sus labios.
Mientras tanto su madre disimulaba y aunque aparentaba mirar la película, lo cierto es que estaba vigilante con el rabillo del ojo a lo que hacían el par de dos. Echó una mirada y lo vio allí sobre los pechos de Lucía y se quedó bastante pasmada, Lucía cruzó su mirada con ella y le sonrió en la penumbra de la sala, haciéndole ver que no podía hacer nada por contener las ansias de su”pequeño” Fran, que con su enorme cuerpo, vuelto sobre Lucía prácticamente eclipsaba la visión de lo que hacían a su madre.
Cuando se cansó de chuparle los pechos le hizo acomodarse en su asiento, mirando hacia la pantalla. Entonces Lucía le bajó la bragueta con discreción, aunque el característico ruido no pasó inadvertido para su madre que seguía observante desde su asiento. Introdujo su mano en ella y rebuscó hasta conseguir liberar al durmiente que allí habitaba, sacándolo al exterior. Una vez fuera sus suaves movimientos ondulantes:arriba, abajo… lo terminaron de inflar y endurecer. A estas alturas su polla era ya la estaca lista para matar a la vampiresa que se le pusiera por delante.
Lucía no quiso desaprovechar la ocasión y alargando su mano tomó la de Ángeles, quien sin comprender, no se había dado cuenta de la atrevida acción que se disponía a emprender Lucía. Al tacto con el falo, duro y erecto en todo su potencial, la retiró inmediatamente, como si le hubiese dado una descarga eléctrica nada más rozarla con las yemas de sus dedos.
Pero Lucía insistió, y sin soltarle la mano volvió a posarla en el pollón de su vástago y la hizo recorrerlo arriba y abajo como antes hiciera ya ella. La madre se inclinó y le susurró al oído…
– ¡Lucía, me da mucha vergüenza, aquí no!
– ¡Vamos no seas tonta, esto es sólo un juego sensual, la sala está vacía no nos ve nadie! Disfruta del momento -le increpó Lucía animándola a seguir.
La madre, con cierta resistencia al principio, poco a poco se fue dejando convencer por la insistencia de su amiga que casi con dos manos la obligaba a coger la dura polla de su hijo. Cuando se relajó, sus movimientos fueron más fluidos aunque pausados, mientras el retoño permanecía quieto como una estatua dejándose manosear por ambas féminas. La más joven se deslizó entre los asientos, para mayor escandalo de la madura y sus labios fueron a topar con el glande de su hijo y llegaron a rozar sus dedos mientras su boca se tragaba la polla que ella masturbaba en la oscuridad. Fue entonces a quitar la mano para dejar vía libre para la felación pero Lucía la capturó y la retuvo sobre su polla, indicándole que siguiese con sus movimientos al compás de su boca chupadora.
Ángeles estaba ciertamente escandalizada y no paraba de girar la cabeza buscando algún mirón que los sorprendiera en la sala, pero la única pareja que estaba al final, parecía que tampoco querían ser molestados y estaban a lo suyo dándose el lote. Mientras tanto sentía los suaves labios de Lucía, rozando su dedo índice y el pulgar cuando se encontraban en los movimientos masturbatorios que ella hacía, hasta que la chica se incorporó y limpiándose un poco la boca se le acercó para susurrarle al oído.
– Vamos mamá, chúpasela ahora tú a tu hijo -le dijo mientras Fran estaba absorto mientras ambas cuchicheaban delante suyo sin comprender-, está muy excitado.
– ¡Tú estás loca! ¡Yo nunca he chupado una…! -y se cortó a mitad de frase, avergonzada por lo que iba a decir.
– Pues entonces te gustará más, tu hijo la tiene tan grande y jugosa que disfrutarás haciéndolo, ¡vamos, no seas estrecha! -volvió a increparla en voz baja, tirando de su brazo, sacándola literalmente de su asiento.
La madre, entre aturdida y confundida por las palabras y los brazos de Lucía, que la sacaron del asiento y la hicieron arrodillarse ante su hijo, entró en una especie de trance de obediencia, donde su voluntad quedó sensiblemente anulada y ante las indicaciones de Lucía, sus labios arroparon el capullo húmedo y caliente de su hijo, quien suspiró ante el caliente contacto.
– Chúpala muy despacio mamá, que no queremos que Fran se vacíe en tu boca y nos tiene que durar más -le susurró al oído mientras la madre tenía aquel pollón en su boca y lo chupaba con cierto reparo.
Lucía permaneció junto a Ángeles, mientras esta le practicaba la felación a su hijo. Para la madre era la primera vez que una polla profanaba su boca, que hasta ahora sólo se había limitado a besar a su difunto marido. Se sintió como una guarra por hacer algo así y más por hacerlo a su propio hijo y encima en un lugar público, pero no cabía duda de que aquello la estaba excitando. Y para colmo del descaro, Lucía le apartaba el pelo de la cara, mientras la abrazaba desde un lado, arrodillada junto a ella y hasta se permitió darle unos azotes en su culo y pellizcarlo también por debajo de su bestido, mientras le susurraba al oído lo bien que se la estaba chupando a su niño.
Ángeles descansó un momento y entonces susurró a Lucía.
– Lucía, este es capaz de soltarme una andanada en la boca en cualquier momento, no se si seré capaz de aguantar algo así, ¡me dará asco!
– Tranquila mamá, que por suerte tengo un preservativo en el bolso, se lo ponemos y así podrás chupar con tranquilidad hasta que lo llene con su corrida -sugirió Lucía palpando sobre el asiento para localizar su bolso.
En un periquete la polla erecta de su hijo, enfundada en el fino y lubricado latex, volvió a entrar en las zonas medias y profundas de la garganta materna. Allí siguió por minutos, mientras su madre, incansablemente se la chupaba y meneaba al mismo tiempo, hasta que una ardiente andanada la sorprendió. Comenzando a llenar con el caliente y sedoso líquido el condón, que en su boca se abultaba cada vez más y con cada descarga crecía y notaba como se separaba del glande, adquiriendo una textura como de chicle.
Fran soltó algún alarido que fue audible parcialmente, pues el sonido de la peli, como en todos los cines estaba pasado de decibelios. Cuando terminó de correrse su madre se separó de la presa, ya vaciada por completo y buscó asiento, pues también estaba cansada de tanto chupar.
Lucía, siempre atenta, terminó de escurrir la hermosa polla sobre el condón y se lo quitó, para finalmente hacerle un nudo. Después sacó de su bolso toallitas húmedas y limpió con esmero tan preciosa herramienta, hasta que finalmente la guardó con cierta dificultad en su calzoncillo, cuando ya había empezado a menguar.
La película terminó al poco rato y salieron de la sala, encaminándose al burguer donde cenaron las típicas hamburguesas, con patatas fritas y refrescos. Allí a la luz de los focos, Ángeles lucía unos carrillos sonrosados que denotaban tal vez su vergüenza contenida por lo que acababan de hacer en el cine minutos antes, hasta el escote de su vestido lucía como si se hubiese pasado tomando el sol.
Lucía reía divertida mientras se lo hacía notar, poniéndola con ello aún más nerviosa, así que al final tuvo que olvidarse de las bromas que le gastaba lucía y tratar de relajarse con la comida, disfrutando de la compañía y saciando su hambre, porque ciertamente el sexo le había dado buen apetito. Fran por su parte devoró las dos hamburguesas que le pidieron y su bebida y patatas grandes, cuan grande era él mismo.
– Lucía, hay que ver lo que me has hecho hacer ahí dentro, ¡mujer! -le espetó mientras comían.
– ¿Yo? En el fondo tú deseabas hacerlo, ¡a que sí!
– ¡Pues no… yo no quería pero…! -contestó Ángeles de forma poco convincente.
– ¡Vah, escusas, con mi ayuda te has desinhibido y has hecho lo que deseabas hacer! -le reprochó su amiga sin miramientos.
– ¿Y ahora qué? -le preguntó la madre aceptando el plante hecho por Lucía.
– Pues nada, ¡la próxima vez si te apetece más pues te lo follas y punto! -le espetó Lucía sin piedad, aunque en tono sarcástico.
– ¡Tú estás local, es mi hijo, cómo voy a ser capaz de hacerle algo así! ¿Y por qué no te lo follas tú guapa?, antes has dicho que te gusta mucho su pollón -sugirió Ángeles escurriendo el bulto.
– De eso nada Ángeles, no te quiero privar del placer de satisfacer sexualmente a tu hijo y satisfacerte tú. Apuesto a que ahora mismo estás super cachonda debajo de las bragas.
– ¡Qué barbaridad hija, me vas a poner aún más colorada! -exclamó Ángeles sonrojándose un poco más, si es que eso era posible a estas alturas.
– Ves cómo lo que te digo es cierto, lo suyo es que termines ya esta fantasía y la hagas realidad de una vez por todas mujer -insistió Lucía una vez más.
– ¡Que te he dicho que no! -volvió a protestar la madre-. Que si quieres te lleves a Fran a tu piso el rato que quieras y hagas con él lo que más te guste. Yo como madre suya te doy permiso -añadió.
– Pues no pienso hacerlo, serás tú quien caerá antes en la tentación, ya lo veras… -aseguró Lucía metiéndose el último bocado de hamburguesa en su boca.
– ¡Ya te adelanto yo que no, me moriría de vergüenza después! -contestó Ángeles mientras daba otro bocado a su hamburguesa.
Al terminar se encaminaron de regreso a su casa. Allí se despidieron en el ascensor. Lucía besó a ambos en la mejilla y les deseó felices sueños, Fran ya se frotaba los ojos, pues después de tanta emoción estaba ciertamente cansado. Ángeles le dio un abrazo con una sola mano, pues con la otra sostenía al joven y cansado Fran, y le dio un beso más de despedida…
– Que tú también tengas felices sueños mi niña-le deseó antes de separarse.
En la soledad de sus cuartos, ambas mujeres se encontraron con sus sexos insatisfechos, muy húmedos por la excitante escena del cine y muy necesitados de caricias de sus amas. Cada una por su lado, supo autocomplacerse y regocijarse entre los pliegues de tan delicadas flores, hasta que sus pétalos temblaron con la llegada del orgasmo, que las liberó de tanta excitación, mientras se retorcían en las sábanas hasta terminar quedándose dormidas, con las bragas quitadas y sus sexos al aire… felices sueños.
14
El siguiente día Lucía recibió una llamada de Pedro, la llamaba para invitarla a cenar en un exquisito restaurante del centro. Extrañamente Lucía no podía advertir el motivo de tal invitación, a la luz del día y en un lugar público, donde tal vez podrían reconocerlo sus amigos, pero así fue, le dijo que necesitaba hablar con ella en persona, así que ella prefirió no insistir y esperar acontecimientos.
Ya durante la comida Pedro se sinceró y le contó que estaba preocupado por su hijo. Al parecer en su colegio le dijeron que lo pillaron a él y a un amigo haciéndose”tocamientos impúdicos”. Su hijo estaba abandonando ya la pubertad y acercándose a su mayoría de edad, y esto lo había turbado de forma que Pedro no sabía qué pensar de lo ocurrido. Estaba interno en ese colegio y debido al incidente, lo habían expulsado una semana, como escarmiento. El colegio resultó ser uno religioso, de ahí el escándalo que se montó.
Ella lo escuchó con atención y procuró calmarlo quitándole importancia al asunto. Pero llegado un momento, durante la conversación, él le propuso que fuese esa noche a su casa e intentase seducirlo, pues como padre, le resultaba desconcertante que su hijo pudiese ser homosexual.
Lucía se quedó atónita ante la proposición y aunque no aceptó ha hacer lo que le propuso en un principio, le dijo que procuraría hablar con él para averiguar cuales eran sus sentimientos y que luego se lo contaría. De todas formas Pedro insistió en que lo sedujera, y le hiciera el amor, quería que alguien como ella se lo tirara, en un intento de que el chico abandonase sus presuntas tendencias homosexuales. Tanto si lo hacía como si no, él le pagaría sus honorarios como de costumbre. Lucía aceptó, pero con la condición de que si al final no hacía nada, sólo escuchar, no cobraría.
Como de costumbre Lucía llegó en taxi al precioso chalet individual de Pedro, éste la dejó en la puerta y a la entrada la recibió su querida Lucrecia, con una sonrisa, un abrazo y un beso. Lucrecia se extraño de que viniese esa noche, pues sabía que el señorito Andrés estaba allí esos días y pensaba que su padre sería incapaz de montar una noche de sexo en su presencia. Lucía la tranquilizó y le dijo que sólo venía para cenar, charlar con Pedro y conocer a su hijo de paso.
La hizo pasar al salón y mientras esperaba le sirvió una copa de Fray Angélico. Lucía se distrajo mirando los estantes de un viejo mueble restaurado, que portaban unos viejos libros, sin duda todos ediciones muy antiguas y vetustas, a juzgar por el aspecto amarillento del papel, protegidos del polvo por vitrinas acristaladas, que a su vez tenían una tela metálica tras el cristal. Este detalle la extraño, ¿por qué poner aquello si ya había un cristal delante.
– Los cristales son añadidos -dijo una voz detrás suyo, dándole un pequeño susto y ella reaccionó dando un respingo.
Pedro, vestía de manera informal, con pantalón de pinzas y camisa con los puños remangados, no como acostumbraba en sus citas con traje negro y corbata. Junto a él su hijo, casi tan alto como él , también vestía con pantalón vaquero y polo color burdeos.
– Perdona Lucía, no pretendía sobresaltarte -se disculpo Pedro-, decía que los cristales no son del mueble original, originalmente sólo tenía la tela metálica, para evitar que los libros se cayesen de las estanterías, yo hice que protegieran además los libros añadiendo esos cristales para contribuir a la conservación de los libros -le explicó mientras se acercaban-. Te presento a mi hijo Andrés.
El joven era esbelto y tenía el pelo largo y curvado hacia dentro, al estilo de los Beatles. El chico se acercó y galantemente depositó sendos besos en sus tersas mejillas, era sensiblemente más alto que su padre y que ella misma.
– Encantado de conocerla, señorita Lucía -le dijo en tono algo cursi.
– ¡Oh llámame sólo Lucía, gracias! -insistió la muchacha poniéndose algo ruborizada.
Durante la cena conversaron, bebieron y comieron los ricos manjares que Lucrecia les había preparado. El muchacho era muy educado, de porte exquisito, se notaba su educación refinada que sin duda le venía de su padre y de los colegios de pago donde sin duda había estudiado, correcto en todo momento.
Al terminar su padre se disculpó diciendo que tenía que contestar unos emails urgentes del trabajo y le propuso a su hijo que le enseñase su habitación a Lucía, preparando así con este pretexto la coartada perfecta para que Lucía actuase, tal y como habían acordado durante el almuerzo.
– Le puedes tocar un poco la guitarra si te apetece -le insinuó antes de marcharse.
De modo que subieron a la habitación del chico. Lucía la vio llena de posters de chicas y grupos de rock. Su guitarra era electrónica y la deleitó con algún punteo que había aprendido de sus canciones de rock. Luego siguieron conversando sentados sobre la cama del chico, uno junto al otro.
Lucía llevaba una camisa bastante escotada que dejaba entrever sus pequeñas y preciosas tetas. Lucía un pantalón baquero muy ajustado, que le realzaba su figura y su culo redondo y respingón. Durante la conversación pilló al chico mirándole el escote y las tetas en más de una ocasión por lo que pensó que el chico era”normal”, es decir, que en cierta medida se sentía atraído por ella. Hasta que en un momento él le hizo una pregunta incómoda…
– ¿Te puedo preguntar algo personal? -dijo educadamente.
– Si, claro, ¡adelante! -contestó ella sonriente cogiéndole las manos.
– Verás no quiero que te enfades, pero, ¿eres una especie de prostituta o algo así? -le soltó de sopetón.
Lucía se quedó algo pasmada, pues el chico, ciertamente era avispado y no se había dejado intimidar por sus delicadas insinuaciones con su escote mostrándole sus tetas limoneras.
– ¡Verás, perdóname que sea tan directo! Pero, es que, si no supiera el motivo que estoy aquí en mi casa, no sospecharía nada de esto, pero precisamente porque me han expulsado del colegio justo esta semana, tal vez pienso que mi padre ha intentado ponerme a prueba -le relató el muchacho en su tono tremendamente correcto y cordial.
– Bueno, ¿si te digo que tienes razón, hablarás conmigo del incidente? -decidió preguntarle Lucía, que se había quedado completamente desprovista de respuestas, tras el sincero comentario del chico, intentando ser su amiga y que confiase en él como estrategia alternativa a la que había pensado.
– No sé, es algo que ni siquiera yo entiendo. Estoy confuso, ¿sabes?
– Es normal a tu edad Andrés, lo que te haya pasado no quiere decir nada, pero de qué se trata concretamente.
– Es que, en el colegio tengo un compañero de habitación. Ya nos conocemos desde hace dos años y habíamos empezado ha hacer de todo juntos, me refiero a deporte, música y también al final, a masturbarnos juntos.
Lucía esperó a que el chico continuase. Ahora estaba cabizbajo y rehuía su mirada mientras hablaba. Ella puso la mano en su hombro para animarlo a continuar.
– El caso es que habíamos llegado a tener esa confianza, hasta que un día, en las duchas, nos quedamos sólos. Entonces él empezó a”jugar conmigo” y acabamos abrazándonos, enjabonados y restregándonos los cuerpos. Incluyendo nuestros penes -le confesó-. Estos se cocaban entre ellos y recuerdo haberlo abrazado por la cintura y acercando mi cuerpo al suyo, restregarme contra él, como chocándolos, no sé por que comenzamos aquel”juego”. El caso es que nos gustó y seguimos abrazándonos mientras nuestros penes resbalaban por nuestros cuerpos enjabonados y desnudos, hasta que no pudimos aguantar más y él me la cogió a mi y yo a él y nos masturbamos mutuamente y a la vez hasta corrernos allí mismo.
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Lucía dejó pasar unos largos segundos antes de hablar. Finalmente lo hizo y lo animó, revolviéndole su bonito pelo castaño que le caía por la frente.
– ¿Y qué pasa Andrés? A tu edad la indefinición sexual es una época que va asociada a la pubertad, eso no quiere decir que de mayor tu orientación vaya por ahí. Yo soy amiga de tu padre y me dijo que estaba preocupado, que hablase contigo a ver si me contabas algo y creo que te he caído bien porque te has desahogado, yo creo que necesitabas contarlo y por eso te doy gracias, gracias por confiar en mi -le dijo mientras se acercaba y lo besaba en la mejilla.
Durante los años de prostituta, Lucía había aprendido que una buena puta, además de follar bien, tiene que ser una buena psicóloga y entender los miedos y frustraciones que todo hombre lleva dentro. Y las lecciones aprendidas en su oficio hoy la habían ayudado a escuchar Andrés, justo lo que éste necesitaba, confiar en alguien y desahogarse.
– He visto como me mirabas las tetas y los baqueros, justo aquí, entre mis piernas. Así que tu padre puede estar tranquilo porque yo creo que te gusto, ¿es así?
– Bueno si, eres muy guapa, lo admito y te he mirado el canalillo porque casi se te ven las tetas -sonrió el chico.
– En serio, ¿te gusto? Pues ya sabes, soy puta y tu padre me ha pagado para que esté aquí, así que ya que estamos podemos aprovecharlo, ¿tú qué crees? -le preguntó Lucía tremendamente sexy e insinuante aproximándose al chico.
Lucía le acarició la cara y luego deslizó su mano hasta su blusa, comenzando a desabrocharle los botones. Su terso pecho barbilampiño apareció al instante. El chico sintió como la suave mano le acariciaba sus pectorales, luego sus tetillas y finalmente bajaba por su pantalón, sobrevolando su ombligo, para desabrocharle el vaquero que llevaba puesto. Luego se arrodilló y le sacó el pantalón y el canzoncillo por sus piernas definidas y suaves, dejando al descubierto un hermoso y joven pene con suave bello negro en su base.
Como profesional que era se tragó aquel pequeño instrumento hasta la campanilla y notó como crecía en el interior de su boca, hasta alcanzar en unos segundos su expresión máxima. Luego lo extrajo, chupándolo dulcemente hasta salir por la punta y u volvió a comérselo.
El chico suspiró y se dejó hacer, tumbándose en la cama bajo el pequeño empujón que le dio Lucía, mientras ella permanecía a su lado deleitándolo con la mejor de sus mamadas. Ella como de costumbre extrajo un condón de su pantalón y lo extrajo y desenrolló sobre su joven pilila con la boca, de forma que el chico casi no se enteró de lo que hacía hasta que lo sintió apretado y colocado en su polla.
Lucía se desvistió rápidamente, bajándose los baqueros y quitándose las bragas. Se subió a la cama y frotándose con saliva sus flor instantes antes de metérsele aquella pollita virginal en su chochito, haciéndola desaparecer en su interior. Una vez que la tubo dentro, la acomodó con dos suaves culadas hasta que esta quedó perfectamente lubricada y colocada hasta bien adentro.
– ¿Qué me dices, nunca antes habías probado un chochito, verdad? -le preguntó Lucía cuan tigresa que lo había apresado.
– ¡Oh nunca, qué delicia! Con mi amigo una vez, en las duchas intentamos penetrarnos por el culo pero no lo conseguimos, aunque eso si, nos gustó mucho la sensación. Eso fue la semana pasada, antes de que nos pillasen.
– ¿En serio? Pues ahora si quieres te puedo enseñar los secretos del sexo anal, y tú si quieres los practicas con tu amigo cuando vuelvas.
– ¿De verdad? ¡Oh qué bueno! -exclamó mientras sentía a Lucía moverse encima suyo arriba y abajo, arriba y abajo…
El chico echó mano a sus pechos y consiguió liberarlos de su pequeño sujetador, acariciándoselos y palpándole sus pezones, duros y puntiagudos, mientras Lucía seguía con sus movimientos pausados de cabalgada a su lomo. Sintiendo que el chico no aguantaría ni medio asalto decidió descabalgarlo y enseñarle los secretos del anal, como le había dicho.
– ¿Tienes aceite o algo para lubricar? -le preguntó al sacársela.
Entró en el baño de la habitación, pero no encontró aceite hidratante, era un chico así que no lo usaba. Así que salió y le pidió que se pusiera a su espalda. Se puso a cuatro patas y le mostró su ojal secreto.
– ¿Me comerías el culito, eh? Es que no tienes nada con qué lubricarlo y la saliva es el mejor lubricante natural del cuerpo -le dijo.El chico dudó un instante.
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El joven Andrés se arrodilló y finalmente metió su lengua entre los cachetes de Lucía. Al hacerlo sintió muchas cosquillas, mientras su lengua le recorría el ano y se perdía en su coño. Al final Andrés terminó comiéndole la pipa, el coño y su culito juntos.
– ¡Uy, muy bien, ahora chúpate el dedo y métemelo en el culo, vamos! -le ordenó.
El chico obedeció y su dedo entró con cierta timidez en su culo. Poco a poco le pidió que lo moviese, y como aquello no iba muy bien, le ordenó que lo sacara y que le escupiese en él para lubricarlo mejor. Obedeció una vez más y esta vez el truco funcionó a la perfección, primero con su dedo corazón y luego con índice y corazón sus dedos dilataron su apretado anillo trasero hasta que estuvo listo. Luego le pidió que se pusiera en cuclillas encima suyo, como ya hiciera su padre hacía tiempo y que la penetrara desde arriba. Ella puso el culo apuntando al techo y la cabeza muy pegada al suelo, hasta que sintió la joven polla atravesándola con suavidad en tan angosta abertura.
– ¡Ves ya está dentro, ahora conoces el secreto del sexo anal! -le gritó debajo de él mientras se frotaba el clítoris para dilatar mejor su ano.
– ¡Oh qué bueno está esto Lucía, eres fantástica! -exclamó el joven muchacho que nunca antes en su vida soñó que tales placeres existieran.
La fornicación duró poco, pues el chico se corrió instantes después, llenando apenas su condón con un líquido blancuzco y claro, que era su joven semen en formación. Cuando terminaron, Lucía le pidió que la penetrase con los dedos mientras ella se tumbaba en la cama y se masturbaba, hasta que se corrió. Luego acompañó al chico al baño y allí le lavó su joven pollita, en el fondo le hacía gracia y la enternecía hacer esto.
Para darle una alegría más al muchacho le dijo que le frotase el coño para lavárselo a ella a cambio y éste obedeció al instante, mientras lo hacía le robó un beso de sus labios ella sonrió y se lo devolvió pero más caliente y húmedo con su lengua incluida en el lote. Luego se vistió y a él le dijo que se pusiera su pijama para dejarlo allí durmiendo. Antes de salir le dio un cálido beso en sus labios y lo dejó acostado:”Como si fuese mi niño -pensó”.
Al salir bajó las escaleras, allí en el salón la esperaba Pedro. Ella lo saludó y en una frase lo resumió todo.
– ¡Tu hijo es todo un machote, no tienes por qué preocuparte, ha cumplido como un hombrecito conmigo!
– ¿En serio? -preguntó algo incrédulo su padre.
– ¿A caso dudas de mis encantos habiéndolos probado? No se ha podido resistir -añadió.
– ¡Perfecto, muchísimas gracias Lucía! -le dijo levantándose y acercándose a ella.
– Ahora no tendrías tiempo de ocuparte del padre, ¿no? -le preguntó Pedro mientras la envolvia en sus brazos y le apretaba el culo con ambas manos acercando su pelvis hacia su miembro viril que se desperezaba rápidamente.
Así que Lucía tuvo que ceder a las pretensiones del señor y dejarse follar también por el padre en el sofá del salón, como ya era costumbre. Eso si, Lucía no quiso que la penetrase por el culo pues ya lo tenía algo dolorido tras el hijo así que se lo folló sólo por su coño. Pedro ya estaba mucho más relajado con ella y se portó como un caballero hasta follándosela, mostrándole dulzura y cariño inusitados para una profesional del ramo como era Lucía. Ésta los agradeció y lo complació en lo que le pidió hasta arrancarle su orgasmo y dejarlo satisfecho.
Al final tanto esfuerzo se vio recompensado con paga doble y tremendamente cansada de tanto polvo se subió al taxi y abandonó una noche más aquella urbanización mientras pensaba cómo sería vivir allí, en medio de aquel lujo y glamour…
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