Mirar sexo Relato real – Anabel, durmiendo con el enemigo (SEX)


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Esto realmente sucedió, ella es amiga de mi esposa, claro que no se llama Anabel, y algunas de las cosas la he debido cambiar para que el damnificado no se reconozca. Ella accedió a mis post por medio de mi mujer, y me pidió que lo publicara.”Anabel” espera con ansias sus comentarios.
Anabel, durmiendo con el enemigo
La fiesta estaba muy animada, era el cumpleaños del jefe de Carlos, su esposo, y en el restaurante donde habían decidido juntarse todos los empleados se esforzaban por atender bien a los invitados, es por eso que las bebidas corrían a ríos por entre la gente.
Todos los compañeros de su esposo emprendían una dura batalla por compartir unos minutos con el jefe, y su marido que no era menos, por fin había logrado posicionarse en el grupo de charla.
Anabel era atractiva, la justa mezcla de muy buen cuerpo, un carácter dulce, y sensualidad, pero había algo que la perdía, y eso era el champagne. Le gustaba demasiado y no podía dejar de tomar. Y aunque no estaba totalmente alcoholizada, si se mostraba muy alegre y relajada.
Uno de lo compañeros de su marido, y el principal competidor en la administración era Pedro, según los dichos de su esposo, era un mal tipo, hábilmente sabía manejar a la gente y muchas veces lograba dejar atrás a su marido en las tareas encomendadas, lo que había ocasionado que Carlos lo odiara y por transición ella también. Durante toda la noche, Pedro había aprovechado la distracción de Carlos para mirar descaradamente a Anabel. Ella al principio se había molestado, pero a medida que transcurrían las copas de champagne, ella había decidido divertirse un poco con Pedro, por lo que simulaba descuidos, y siempre animada por el alcohol, dejaba al descubierto parte de sus muslos, o se trataba de alisar el vestido sobre sus pechos, lo que provocaba que a Pedro prácticamente se le salieran los ojos. Quizá un poco turbada por la bebida, ella no se daba cuenta que a medida que Pedro se excitaba más, en ella este juego de seducción, también despertaba cierta excitación. Quiso ir por más, y cuando Pedro se encaminó hacia ella, decidió ir a la zona del baño. Pedro quedó en medio de la fiesta, visiblemente desairado, y ella mientras caminaba, lo miró, solo para burlarse con la mirada. Cuando llegó a la zona de los sanitarios, pasó la puerta que daba a un largo pasillo, la primer puerta entreabierta mostraba un depósito de los elementos de limpieza, luego los baños, y al final se veía lo que debía ser una pequeña administración. Ella ingresó al de mujeres y luego de unos largos minutos salió despreocupada. Cuando pasaba por el depósito de limpieza, la tomaron de un brazo y con fuerza la introdujeron. Ella quiso gritar, pero al darse cuenta de que era Pedro el temor dio paso al enojo.
-¿Qué te pasa?¿estás loco?- dijo ella enfurecida.
-Si, estoy loco por vos- dijo Pedro mientras cerraba la puerta por dentro.
-Dejame salir, loco de mierda, ¿Qué te pensas?- la furia iba en aumento, y trató de abrir la puerta.
Pedro la tomó de ambas muñecas, la llevó contra la pared y la sostuvo con ambas manos por sobre la cabeza.
-Soltame, cabrón- dijo ella
Pedro buscó darle un beso, pero ella se resistió. Trató de gritar, pero afuera la fuerte música impedía a cualquier
oído escucharla. Ella se estaba cansando, por lo que a Pedro le fue posible inmovilizarle los brazos con una sola mano, con la otra comenzó a manosearla, y luego de entretenerse un rato con sus tetas, bajó hasta la entrepierna.
-Soltame, hijo de puta, te voy a matar- decía ella, ya cansada de gritar.
Pedro forcejeaba por llegar a su vagina, y ella, visiblemente afectada en su resistencia por el alcohol, no pudo resistir mucho tiempo, por fin Pedro logró colocar su mano, y aunque ella intentara cerrar sus piernas, lo único que lograba era que la mano hiciera mayor contacto con su vagina. Eso comenzó a derrumbar sus defensas, cerró sus ojos para resistir, pero eso a la vez le permitió a Pedro que lograra besarla, el sólo contacto de sus labios, la desarmó, la fuerza que él ejercía, la dominación a que ella estaba sujeta, hicieron que su excitación aflorara con fuerza. De pronto no se resistió más, su lengua buscó a la de Pedro, y como él la soltó, ella lo abrazó, estrechando la distancia que los separaba. La mano de Pedro ahora hizo a un lado hábilmente la tanga de Anabel, haciendo contacto directo con su clítoris, un leve suspiro le indicó a Pedro que estaba en el camino correcto. Comenzó a masajearlo, introduciendo uno de sus dedos levemente en la vagina, buscando esa zona rugosa que llaman punto ?g?. Ella se aferró con fuerza.
-Soltame, Pedro, por favor, mi marido me mata- dijo ella entre suspiros
-Yo te voy a matar, a pijasos- dijo él.
Pedro continuó con su mano, ella apoyada contra la pared, se abandonó
a los deseos de Pedro. La mano se movía con lentitud y presteza, y ella estaba en las nubes, sintiendo como la situación de infidelidad le daba una placer del que ella nunca había disfrutado.
De pronto Pedro le sacó la tanga negra con una pequeña flor bordada en la parte frontal, y se arrodilló ante ella. Con su lengua comenzó a recorrer la parte interna de sus muslos. Ella abrió las piernas para facilitar el camino, él llegó hasta su clítoris, un suave chuponcito allí, hizo que Anabel gimiera de placer, la lengua de Pedro jugueteo en torno al clítoris mientras uno de los dedos volvía al interior de la vagina. Anabel sintió desfallecerse, sus fuerzas la abandonaron y mientras con sus manos acariciaba la nuca de quien le estaba robando un hermoso orgasmo, sintió como acababa para él.
-Si, así, seguí así, por favor- sus temblores le impedían hablar con claridad.
Pedro se puso de pie, y ella, se arrodilló, con prisa liberó la erecta pija de Pedro, y sin miramientos se la llevó a la boca. Con Pasión comenzó a recorrer con sus labios el duro miembro de Pedro.
-dame la lechita, por favor, quiero tu leche- decía ella
Pedro la tomó de los cabellos, y con suaves tirones hacía que ella se metiera toda la verga en la boca, luego con sus labios presionaba sobre la pija, y sus manos acariciaban los pesados testículos, que duros y gordos ocupaban gran parte de su mano.
Pedro no demoró demasiado en acabar, ella sintió como el semen llenaba su boca, y eso la apasionó aún más, con la lengua se ocupó de dejar bien limpia y seca la vigorosa pija del enemigo de marido.
-Que rica que es- dijo Anabel.
Pedro la hizo poner contra la pared, y la verga que no había perdido nada de dureza, se colocó entre las piernas de ella.
-¿Qué? ¿querés mas?- dijo ella asombrada
-¿Qué te pensas?, ¿que soy tu esposo, que acabo una sola vez?, yo tengo más para vos- le dijo Pedro al oído.
Ella lanzó un gemido, sin poder responder, pues la verga se estaba introduciendo.
-Ahh, me duele, me hacés daño, está muy dura- dijo ella
-¿No estás acostumbrada a algo tan duro?- dijo él
-No?no- alcanzó a decir ella
Pedro embistió con fuerza, la aplastaba contra la pared, y la penetraba con rudeza, ella gemía y suspiraba mientras sentía como Pedro la dominaba por completo. Largos minutos transcurrieron mientras Pedro ejercía su poder sobre ella.
-Dame así, si, duro, más duro, ayy- Anabel estaba fuera de sí
Pedro comenzó a gemir, la tomó con fuerza de la cintura, y hacía que el culo de Anabel se aplastara contra el vientre de él, mientras la pija de Pedro llegaba a lo más profundo de ella. Ella tomó las manos de Pedro y permitió que él le robara un nuevo orgasmo, ahora Anabel sentía como Pedro lanzaba potentes chorros de semen en su interior y eso hizo que ella acabara aún con más fuerza. Juntos fueron quedándose inmóviles, él apoyado en la espalda de ella.
-mi vida me has hecho mierda- dijo Anabel
-Con las ganas que te tenía- dijo él
-¿Tenía?, ¿ya no me tenés más ganas?, porque yo me quedé anonadada con vos.
-Te voy a coger todos los días, no se como ni donde, pero no te suelto más- Pedro hablaba al oído de ella.
-Lo que yo no sé, es como lo voy a mirar a mi marido después de esto- dijo ella riendo.
La conversación hizo que el miembro de Pedro comenzara a recobrar dureza. Haciendo que Anabel moviera suavemente su culo contra Pedro.
-Paremos acá mi amor, se va a dar cuenta mi marido- dijo ella preocupada.
-Pero no te vas a salvar de que te agarre de nuevo- Pedro ya se estaba acomodando las ropas.
-¡Eso espero!- dijo ella mientras apretaba suavemente la dura verga de Pedro que ya se encontraba vestido.
Anabel abrió levemente la puerta, y como no había nadie se introdujo en el baño de las mujeres, Pedro se quedó escondido en el depósito de limpieza.
Unos pasos se escucharon por el pasillo.
-Anabel, ¿estas ahí?- era la voz del esposo de ella
-Si amor, ahí salgo- dijo ella
Se sintió abrir la puerta del baño.
-¿Te sentís bien?, estás como agitada- dijo el esposo
-me debe haber caído mal algo, tengo un gusto un poco raro en la boca- dijo ella mientras se alejaban rumbo al salón principal.
Fin de la primera parte
Relato real - Anabel, durmiendo con el enemigo

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