Porno sex Argentina, feliz año nuevo (SEX)


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Argentina, feliz año nuevo

Todo comenzó el pasado 31 de diciembre. Eran aproximadamente las 4 de la tarde, ya se le veía muy festiva a la gente pero yo tenía los ánimos por el suelo. Decidí pasar esa noche en casa de una de mis hermanas puesto que allí estaría su esposo, algunos sobrinos de su esposo y sus hijos y aunque realmente deseaba que aquel día pasara rápido tampoco lo quería pasar solo. Siendo pasadas las 7 de la noche en casa de mi hermana repartían algunas copas aunque yo solo tomaba cerveza y no sé si debido a mi estado de ánimo pero no quería embriagarme y mucho menos con algo que fuera destilado. Soy fumador recurrente y mucho más si me encuentro bebiendo sin embargo en casa de mi hermana no toleran aquel vicio por lo que siempre tenía que salir al antejardín o a la calle cada que ansiaba fumar un cigarro.

Estando fuera pude notar a una persona bastante peculiar, dueña de una belleza poco habitual en aquel lugar, que se encontraba en casa de los vecinos del frente. Era una mujer joven, entre 30 y 32 años de edad, bastante alta para el promedio de estatura de las mujeres de mi país, muy fresca en su vestir pero sin perder elegancia. Pude notar lo festiva que era, reía, bailaba y siempre era perseguida, absolutamente todos en aquella fiesta tenían que ver con ella. Confieso que desde el momento en que la vi mis salidas a fumar empezaron a ser mucho más frecuentes.

Eran pasadas las 10 de la noche, nuevamente me encontraba fumando y tomando cerveza y si no hubiese sido por el ánimo de ver la belleza de aquella chica seguramente ya me estuviese preparando para dormir. Con cautela observé que la chica empieza a caminar hacia mí, traía una copa en la mano. Me saludó, inmediatamente pude notar en su acento que es extranjera, concretamente de Argentina. Me ofreció tomar de su copa, no supe si aceptar puesto que nuestra confianza en ese momento era nula pero para no parecer descortés acepté, era Cuba Libre. Entre risas, preguntas y algunos comentarios jocosos empezamos a romper el hielo.

Me invitó a pasar a la fiesta a la que ella asistía. Acepté pero solo con el ánimo de no estar solo y obvio un poco alentado por conocerle más. Pensé que estaba interesada en mí, que hablaríamos y nos conoceríamos mejor, pero el trato que me daba era igual al que le daba a todos en la casa de mis vecinos. De hecho, no pasamos mucho tiempo juntos ya que, dada su condición de extranjera, todos querían estar con La Argentina. Hubo un momento de la noche en el cual ya parecía estar bastante cansada por lo que decidió tomar asiento junto al mío, empezamos a hablar un poco más, aunque el alto volumen de la música hacía nuestra conversación requiriera de cierto esfuerzo. Me contó que era experta preparando Cuba Libre y yo, a manera bastante ingenua pensando que me iba a dar la típica receta que se encuentra en los manuales de coctelería, le pregunté cómo era la forma en que lo preparaba. Fue hasta la mesa, vertió Coca-Cola hasta la mitad de un vaso y luego volvió hasta donde me encontraba yo. Llevó la botella de ron hasta su boca, tomó un trago largo y lo sostuvo por unos segundos, luego lo dejo caer en el vaso, mezclándolo así con la bebida de cola. Me dijo: -Esta es la forma como lo preparo, tómalo. Yo solo pude reír, no pensé tomarlo, pero ella de manera bastante sugestiva dijo que lo había preparado especialmente para mí. Debo admitir que el modo en que lo dijo me calentó bastante y desde ese momento empecé a verle más puta y cachonda que bella y gentil.

Después de aquel singular coctel pensé que las cosas estaban cambiando entre ella y yo y así fue. Horas más tarde me entregó las llaves de no sé qué lugar y me recomendó las cuidara y que cuidara también de ella, puesto estaba algo ebria y no quería cometer una locura. Tuve que dejar de tomar menos que ella, pues ahora era mi deber velar por su seguridad, me sentí como el ?conductor elegido? pero a decir verdad no me molestó llevar a cabo dicha tarea pues al parecer fui digno de confianza como para que me asignara tal cosa.

Amaneció, eran casi las 7 de la mañana, aquella mujer estaba totalmente ebria, yo tenía algunas copas en mi cabeza pero era más el sueño y el cansancio que me embargaba. Me pidió que le acompañara hasta su casa, nos fuimos caminando, ambos en completo silencio. Al llegar a su casa se quitó los tacones, me tomó de la mano y de forma impulsiva subió las escaleras hasta la segunda planta mientras yo le seguía. Había tres habitaciones las cuales estaban a puerta cerrada, me pidió que eligiese una, y aunque, quizás por el sueño y el cansancio, no quise imaginarme cual era el motivo para ponerme a elegir una habitación.

Según pude observar esta habitación pertenecía a una chica adolescente, estaba decorada con algunos afiches rosa, estikers y pequeños posters. La cama era de tamaño individual y tenía aroma a mujer joven. Alix, como se llama la argentina, se arrodillo en el suelo, levantó su vestido y dijo: -Te lo mereces. En aquel instante me pasó la ebriedad y el cansancio que tenía. Me acerqué a ella y puse su mejilla en mi zona púbica, le acaricie un poco el cabello. Empecé a desvestirme, ella no pronunciaba palabra, parecía muy cansada pero aun así se le veía deseosa. Quité la riata de mi pantalón y, aun no sé por qué, puesto que no estaba en mis fantasías, envolví su cuello con ella. Parecía collarizada y de hecho lo estaba. Tomé con fuerza el extremo sobrante de la riata y halé de ella. La llevé hasta la cama, la acosté allí completamente desnuda y empecé hacerle injurias, ella solo me miraba y cuando intentaba hablar yo halaba tan fuerte de la correa que le cortaba la respiración por instantes.

Sin quitarle ni un solo momento la riata, lo que ahora era su collar, empecé a follármela, estaba tan caliente que no necesité más estímulos que los que ya tenía. Empecé a darle envestidas con mi verga mientras ella solo podía mirar. Trataba de hablar pero la correa no se lo permitía, pero dada su insistencia paré por unos instantes y se lo permití. Lo único que pudo decirme fue que le castigara más fuerte. No podía creerlo, ella también estaba disfrutando de aquel acto esclavizante. Empecé a pegarle palmadas en su cara mientras le soltaba injurias dignas de una mujer de su calaña, le llamé puta, zorra y enferma mientras le pegaba en su cara y con la punta de la correa golpeaba su pecho y su costado.

No podía parar de castigarle, menos ahora que sabía lo estaba disfrutando. Fue tanta su excitación frente aquello que estábamos realizando que tuvo un orgasmo, dado su cansancio y su embriaguez se quedó dormida al instante. Sonreí y al verla allí dormida me produjo un poco de ternura aunque jamás la dejé de ver como una puta, pues en esa mañana para mí ella era solo eso, nada digna de otra cosa. Yo aun seguía excitado, aunque también estaba cansado y con algo de dolor en la cabeza. Empecé a penetrarla mientras yacía dormida. Por un instante pensé en sodomizarla y fue algo que me calentó a proporciones indescriptibles pero me retraje de ello dadas las circunstancias en que nos encontrábamos, así que, cómo acto de humillación para aquella puta, empecé a masturbarme en su cara hasta derramar toda mi leche en sus labios y mejillas. Dormimos toda la tarde, casi hasta el anochecer, compartimos un cigarrillo y una bebida de cola sin mencionar todo lo ocurrido aunque creo que hasta el día de hoy ella no recuerda nada de lo que vivió aquella mañana en la cual el calor desgastante saludaba el nuevo año.


















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