Solo sexo La Boricua: Un suertudo en la tienda de la esquina. (SEX)


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La Boricua: Un suertudo en la tienda de la esquina.

El último día en que Rebeca estuvo en suelo salvadoreño, nos levantamos temprano para terminar de arreglar las maletas, esperar el transporte que contratamos y, por supuesto, tener sexo de despedida.

Cogimos hasta el cansancio la noche anterior, repasando nuestras posiciones favoritas. Su diario confiesa que ella se sentía un poco decepcionada de no haber tenido sexo con nadie más que los tipos del balneario y conmigo, pero reconocía que yo había hecho un esfuerzo tan grande por mantenerla complacida, por lo menos una vez diaria por veinte días seguidos, y por eso no había buscado mucho con quien acostarse. Ella sentía que se le habían ido los días en mi cama a pesar de desear probar las camas de todos los que se la ofrecieran.

Sin embargo sucedió algo esa última mañana, ya que mientras yo ordenaba todo, mi novia fue a la tienda de la esquina a comprar algo para el desayuno y apareció cerca de una hora después. Cabe aclarar que no me preocupé por ella ni tampoco salí a buscarla porque imaginé que estaría bien. Creí que mis esfuerzos habían sido vanos hasta que leí sus confesiones.

-?¿Por dónde andabas??- pregunté con calma y un toque de ironía.

-?Chico, te tengo que contar.?- comenzó.

Resulta ser que ella llegó a la tienda casi al mismo tiempo que un joven de unos diecinueve o veinte años que la dejó comprar primero. Eran las seis de la mañana, por lo cual Rebeca no reparó en cambiarse y había salido en ropa de dormir. Llevaba puesta una blusa de algodón, holgada y de tirantes, y un shorcito también de algodón, corto hasta el inicio de sus nalgas; no usaba ropa interior, cualquiera que observara su blusa lo notaría al identificar sus pequeños pezones que se marcaban en ella. Después de la fiesta de la noche anterior, era seguro que su piel llevaba impregnado el olor de mi semen.

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Rebeca descubrió que aquel muchacho miraba con más descontrol que descaro sus muslos y su trasero.

-?Quiero dos huevos, un plátano y un litro de leche.?- dijo ella al tendero, quien también estaba excitado al verla tan descubierta y se le entregó de inmediato lo que le pidió.

Antes de irse, mi novia verificó que el muchacho tenía una erección enorme en el pantalón.

-?Chico, yo tenía que hacer algo.?- me dijo -?Ese nene seguro que iba a irse a su casa así, todo caliente y con el pipi para’o, y se iba a tener que masturbar pensando en mis nalgas para que se le bajara. Chico eso era mi culpa por salir así y entonces yo le tenía que ayudar, era lo justo.?-

Continuó el relato diciéndome cómo esperó ver por donde se iba aquel joven y cómo ella lo siguió, lo alcanzó y le habló.

-?¿Mira y tú me estabas mirando las nalgas??- preguntó directamente.

-?No, mire… yo sólo…?- dijo él queriendo justificarse.

-?¿No? ¿Entonces qué tú llevas ahí??- dijo ella señalando el bulto en su entre pierna. -?Tú me estabas mirando, te estabas imaginando que me dabas bien duro y por eso se te paró, ¿o me equivoco??-

-?No… Mire…?- respondió avergonzado, luego levantó la mirada y al ver que ella no estaba molesta confesó. -?Bueno, está bien. Sí, te estaba mirando las piernas, pero es que ¡además de estar tan buena tenías que salir vestida así!?-

-?¿Ves que no me equivoco??- prosiguió ella satisfecha -?¿Y entonces qué tú vas a hacer? ¿Vas a irte a tu casa y te vas a masturbar pensando fresquerías conmigo??-

Él no supo qué contestar, sólo enrojeció y calló.

-?Chico pero no te pongas así.?- le dijo ella, comprendiendo que lo había avergonzado. -?Yo no vine a reprocharte na’, yo a lo que vine es a ofrecerte mi ayuda. Para que no te quedes así y para que tampoco te tengas que masturbar, mejor vamos pa’ tu casa y allá te ayudo a que se te baje.?-

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Sin comprender muy bien cómo había sucedido, aquel chico tenía a la boricua en su casa, en su cuarto, de rodillas frente a él, bajándole el pantalón para hacerle sexo oral. Aquella desconocida tenía sus labios al rededor de su pene y los deslizaba junto con su lengua, haciéndolo entrar y salir de su boca, ejerciendo succión en él. Pronto comenzó a sentir que el placer lo desbordaba, intentó hacérselo ver a ella para que pausara y así poder prolongar el momento, pero ella en cambio aceleró provocando su orgasmo, el cual se derramó en la boca de esa chica tan sexy. Rebeca se tragó el semen, como era su costumbre, y lamió el miembro de su víctima mientras éste se encogía.

-?Bueno, pues entonces.?- dijo ella al verlo flácido -?Misión cumplida, chico.?-

Se levantó y se dio la vuelta dispuesta a marcharse. Él la sujetó dulcemente de una mano.

-?Espera.?- le dijo abrazándola por detrás -?No era eso lo que yo quería. Cuando estábamos en la tienda, mientras te miraba el trasero, yo lo que pensaba era en lo rico que se debe sentir metértelo aunque sea por detrás. Si te vas ahora quizá nunca te vuelva a ver, voy a pasar el resto de mi vida

deseando haberme acostado con vos en vez de que me lo mamaras y siempre me voy a tener que masturbar mucho pensando en eso.?-

-?Nene, a mí me dio mucho dolor cuando él me dijo eso.?- me contaba mi novia mientras yo me mordía la lengua para no interrumpirla y le preparaba el desayuno. -?Él de verdad me la quería meter y como yo me voy ahora y no sé cuando vuelva, pues entonces él tenía razón.?-

A diferencia de lo que me dijo en ese momento, Rebeca agregó en su diario que consideraba a esa había como una de las frases más bellas que le habían dicho. Acto seguido ella empujó al joven sobre su propia cama, lo desnudó sonriendo mientras también se quitaba la poca ropa que llevaba puesta, para luego subir a la cama y colocarse entre las piernas de él. Ella no estaba dispuesta a esperar que la erección regresara sola, así que reinició la felación hasta lograr su meta.

Una vez el miembro del chico se encontraba erguido ella se recostó hacia atrás y le habló. -?Bueno, pues si me lo quería meter, pues entonces?- y abriendo las piernas pronunció su grito de guerra -?¡Métemelo!?-

Enloquecido él se levantó, se arrojó sobre ella, la penetró y comenzó a sacudirse con fuerza, haciendo crujir la cama. Rebeca lo aprisionaba con sus piernas y él las acariciaba con lujuria. Se encontraba embriagado de placer, tanto que intentó besarla, pero ella se negó.

-?Chico, mi boca solo la besa mi novio.?-

Pensar en que ella tenía un novio a quien estaba traicionando con él, a quien acababa de encontrarse en la tienda, lo excitó más.

-?Quisiera guardar un recuerdo de esto.?- dijo él.

-?Nene, perdón.?- contestó ella -?No traje panty, si hubiera traído pues entonces yo te lo regalo de

recuerdo.?-

-?¿Puedo tomar una foto??-

-?Claro, si tu quieres.?-

Dejándola así, él buscó su cámara digital.

-?A ver, tómame una mamándotelo.?- sugirió ella.

El accedió, de hecho le tomó varias. Luego continuó dándole por la vagina y tomando fotos de ella, acercamientos del coito, laterales en los que se observaba como entraba completo en ella. Y aquello seguía.

-?Mira.?- interrumpió ella -?Métemelo por detrás.?-

Se colocaron en posición de perrito y él la volvió a penetrar por la vagina y tomó fotos.

-?Chico, no.?- volvió a interrumpir -?Yo lo que quiero es que me hagas sexo anal.?-

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Él casi estalla en ese momento, pero deteniéndose salió de ella y se lo enterró en el ano. Tomó muchas fotos de eso, pero no duró mucho, estaba demasiado excitado y los gemidos de ella lo empeoraban. Cuando estaba listo para disparar lo sacó y se lo regó sobre su trasero. Capturando con su cámara la escena final.

Después de eso, Rebeca regresó a la casa. No sin antes darle su dirección de correo electrónico a él, aunque eso no me lo dijo.

-?Bueno, pero entonces ¿No íbamos a coger antes que me vaya de vuelta pa’ Puerto Rico??- preguntó después de desayunar.

Y sí, me la cogí yo también esa mañana antes de llevarla al aeropuerto. Fueron otras dos veces en las cuales terminé dándole a beber el semen que ella misma me sacaba. Al final, ya vestidos me dijo que me lo quería mamar y no dudé en sacármelo y ponérselo en la cara. Era una puta, pero era mi puta después de todo. Pronto yo viajaría para casarme con ella, con la estúpida esperanza de que ella cambiaría. La amaba y pensé que casada se reformaría.

Al final, cuando ya todo había terminado, pude ver las fotos de ese episodio en un correo que él le

había enviado, ya que yo le ayudé a abrir la cuenta a ella y ella nunca cambió la contraseña. Pensé en subirlas a algún sitio de venganzas junto a las que yo mismo tomé y con un vídeo en que me corría sobre su cara, pero arrepentido de esa idea borré todo eso de mi computadora.
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