Solo sexo Mi recién estrenada mujer… ¡que puta es! (SEX)


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Solo sexo
Hola a tod@s,

Os voy a relatar la historia que descubrí hace poco, sobre como mi recién estrenada mujer me puso los cuernos con un ex novio apenas 2 meses después de casarnos.

Mi nombre es Martín, soy de Madrid y conozco (o eso creía yo) a mi recién estrenada mujer desde hace 10 años cuando empezamos a salir muy jóvenes. Yo tengo 30 años, y mi mujer, Eva, tiene 28. Nos conocimos a través de unos amigos en común y desde el primer momento nos gustamos. Siempre me han dicho que yo soy bastante guapete y que con mis 190 cm de estatura hacían de mi un morenazo. Mi físico siempre ha sido mi punto débil, ya que siempre he tenido un cuerpo descuidado, con mi barriguita cervecera y algún michelín que otro. Mi chica era una muñequita. Su cara era preciosa. Era rubia y sus grandes tetas siempre hacían que llamara la atención por donde fuera. Medía 1’70 y su físico aunque no era el de una modelo si hacía que los moscones babearan a su alrededor a menudo. Tenía un buen culo redondo para poder agarrarlo bien, al que cualquier hombre le gustaría dar unos buenos azotes para ver como sus grandes cachetes rebotaban uno contra el otro.

En cuanto al tema sexual, cuando empezamos, los dos eramos muy jóvenes y en mi caso era muy inexperto, apenas había estado con 3 o 4 chicas y sin llegar muy lejos en el tema sexual. Yo sabía que ella había estado con bastantes más chicos pero ella siempre me había dicho, que a pesar de que había llegado más lejos en sus relaciones, no había practicado la penetración. Únicammente había hecho unas cuantas pajas y se había frotado desnudos pero sin llegar a follar. Siempre dudé de esto pero nunca le di mayor importancia.

Todo iba muy bien. Nuestra relación se fue consolidando con el paso de los años y poco a poco llegamos al punto en el que decidimos casarnos y comprarnos una casita. Siempre nos habíamos entendido bien y queríamos las mismas cosas. En el plano sexual eramos muy compatibles y nos gustaba innovar de vez en cuando probando diferentes posturas y prácticas sexuales, aunque siempre dentro de unos límites. Ella era bastante celosa y temas como el intercambio de parejas, tríos y cosas así no entraban en su lógica.

A pesar de nuestro buen hacer sexual, a mi me gustaba seguir haciéndome mis pajillas, costumbre que tenía adquirida desde hacía muchos años y que a pesar de tener relaciones sexuales compatibilizaba perfectamente. Siempre le dije que no es lo mismo hacerse una pajilla para saciar el instinto animal que hacer el amor con ella. Eva, por lo tanto, sabía que yo me masturbaba pero el problema vino un par de meses antes de la boda cuando me pilló masturbándome con fotos de amigas suyas. Yo era muy feliz con ella y la quería mucho pero a la hora de masturbarme a veces utilizaba fotos de gente conocida quizá por el morbo de la cercanía y el halo de prohibición que había al ser gente cercana. Me resultaba más fácil imaginarme situaciones sexuales con gente de mi alrededor que con modelos y actrices famosas que nunca había visto en persona y nunca vería… A pesar de esto, a mi nunca se me pasaría por la cabeza intentar realizar estas fantasías sexuales con sus amigas, ya que solo las utilizaba para masturbarme.

Obviamente, esto a Eva no le gustó en absoluto y estuvo a punto de suspender la boda. Traté de explicarle lo sucedido y le comenté que solo era una fantasía sexual que utilizaba para masturbarme pero que jamás se me ocurriría intentar llevarlas a cabo. Ella era muy celosa y siempre me había dicho que jamás perdonaría unos cuernos por lo que me temí que acabaría con la relación. Esos días fueron bastante malos y me sentía fatal por haber traicionado su confianza. Me sentía como una mierda y dispuesto a hacer lo que fuera por contentar a Eva. Finalmente decidió darme otra oportunidad tras medio convencerla de que eso no era una infidelidad y de que nunca más volvería a hacerlo.

Yo me sentía fatal, había sido un cabrón y aunque no llegaba a ser una infidelidad sentía que la había traicionado y más cuando ella siempre me había dicho y perjurado que yo era y sería el único hombre de su vida y que no necesitaba fijarse en nadie más. Ella siempre se refería al amor como algo puro entre dos personas y que para ella hacer el amor era lo más bonito que había entre dos personas. Decía también que practicar sexo por practicar era algo feo y cosa de animales no racionales. Eva no se masturbaba nunca y siempre decía que cuando tenía ganas de hacer el amor solo pensaba en mí y era conmigo con quien se satisfacía.

Decidimos dejar este altercado atrás y nos casamos y nos fuimos de luna de miel felizmente. Todo era de nuevo bueno y bonito y yo seguía con buen pie mi misiva de ser super fiel y transparente a mi recién estrenada mujer para que no volviera a desconfiar de mí… hasta que un hecho cambió para siempre todos los esquemas.

Dos meses después de casarnos fuimos a la boda de otros amigos. El grupo de amigos era muy grande y había desde viejos conocidos que eran amigos desde pequeños a nuevos amigos como yo que habían llegado al grupo por ser el novio de alguno o alguna del grupo.

El día de la boda nos pusimos guapos para la ocasión. Yo llevaba el traje que siempre llevaba a todas las bodas y Eva se puso un vestido de fiesta muy bonito en colores grises, negros y blancos. Ese día se puso su lencería fina formada por unas braguitas negras muy sexys con calados que dejaba entrever perfectamente su semi-rasurado pelito rubio del chochete y, un sujetador negro a juego semitransparente que dejaban ver perfectamente sus grandes pezones rosados.

Nos fuimos a la iglesia y todo marchaba normal durante la boda. Los novios se dieron el’sí, quiero’, salieron a la puerta de la iglesia donde les tiramos arroz y se marcharon a hacerse las fotos. Los invitados nos dirijimos entonces hacia el restaurante donde se celebraba el banquete. Al llegar allí nos tomamos el cóctel y estuvimos charlando con el resto de amigos del grupo. Yo me llevaba más o menos bien con todo el mundo, incluso con uno de los ex novios de Eva que también formaba parte del grupo (Roberto). Este chaval era un poco macarra y chulo pero se dejaba ver poco entre los amigos, ya que era soltero y le gustaba mucho vivir la vida. Le gustaba salir de marcha con amigotes, emborracharse, follarse a todas las tontitas que se dejaban engañar con sus fantasmadas,… Reconozco que el chaval era guapete pero las pintas que llevaba y su manera grosera y agresiva de comportarse hacían que perdiera todos los puntos en la escala del atractivo y la elegancia. Nunca entendí que vio Eva en él para haber estado saliendo un par de meses juntos… En fin, menos mal que era más calmado casi no quedaba con nosotros y no le tenía que aguantar mucho rato…

Pasámos pues a sentarnos a las mesas de banquete y para mi sorpresa vi que nos había tocado sentarnos con el citado Roberto, el ex-novio de Eva. No sé si los novios a mala leche lo habían puesto en nuestra mesa pero lo cierto es que la situación no era demasiado apetecible. Cuando Roberto llegó a sentarse nos vio y tras la sorpresa por su parte vino a saludarnos. Falsamente le devolví el saludo. Nos sentamos y comenzamos a cenar.

Las botellas de vino empezaron a caer como si de agua se tratase y a medida que el ambiente se iba emborrachando Roberto empezó a crecerse en chulería y fanfarronería:

– Pues yo me he follado más de 100 mujeres y a todas las he dejado satisfechas. Siempre me llaman esperando que vuelva a follármelas pero casi todas se quedan con las ganas de volver a probar mi leche.

De repente, soltó una burrada que nos dejó a todos blancos:

– Solo dos mujeres han conseguido dejarme satisfecho y mis huevos vacíos de amor, una puta que me follé en Ámsterdam que como buena profesional me folló como Dios manda y la aquí presente nuestra amiga Evita… que espero que su maridito Martín no se enfade…

Acto seguido rompió en carcajadas. Me dieron ganas de levantarme y soltarle una buena ostia pero Eva me lo impidió agarrándome del brazo y diciendo en bajito que no le hiciera caso que estaba borracho y era un fanfarrón… Me volví a sentar y me tranquilicé. Había mucha tensión en el ambiente y la mesa se quedó en silencio. Mi mujer, que nunca había permitido que nadie le pisara, permaneció en silencio en esa ocasión. Yo me quedé extrañado de que ella no le metiera un corte y que dejara que la gente diera por hecho que eso era cierto… La verdad es que había ciertas cosas que no llegaba a comprender: como una chica tan fina como Eva había podido estar con un chulo macarra como ese, porque seguía manteniendo amistad con él a pesar de que la dejó por una zorrita que conoció un día de marcha, porque permitía que muchas veces hiciera comentarios sobre ella, … Toda esa permisividad era extraña. Tras este estado de tensión alguien de la mesa contó un chiste rápidamente y el ambiente volvió a recuperar la normalidad.

Difrutamos de la cena y bebimos vino a espuertas. Teníamos ganas de pasarlo bien en la boda de nuestros amigos y no nos cortamos a la hora beber. Eva estaba bebiendo bastante más de lo que acostumbraba y la notaba nerviosa. No sabía por qué, hasta que más tarde la cazé mirando de reojo a Roberto en un par de ocasiones. Me propuse no darle importancia porque no quería montar un numerito de celos y más cuando ella me había perdonado el percance de las fotos, que era más grave que lo que yo creía unas inocentes miradas hacia su ex.

Tras el baile de apertura de los novios y la primera copa decidimos salir a bailar a la pequeña pista que montaron en el salón del restaurante, abarrotada de gente bailando los primeros pasodobles. Yo no quitaba ojo al ex de Eva que no había parado de soltar improperios durante la cena y no quitaba el ojo a mi mujer. No me fiaba un pelo de Roberto, que nos observaba desde el borde de la pista con actitud de chulo comentando cosas con otro amigote. Pude medio leer en sus labios que le comentaba las ganas que tenía de volver a follarse a Eva y que se la iba a follar de nuevo. Este último comentario lo acompañó agarrándose la polla con la mano y comprobé que verdaderamente tenía ganas de follársela. Pero de repente vi a Eva, tan dulce y buena conmigo y se me pasó las desconfianza. Sabía que ella era mía y solo tenia ojos para mi. Entonces lo dejé pasar pensando se quedaría en una más de sus fantasmadas. Eva me había dicho que ella era virgen y yo confiaba en mi mujer.

Seguíamos bailando cuando de repente empezó a sonar el gran éxito del verano y todo el mundo se echó a bailar a la pista. El espacio era demasiado pequeño para toda la gente que pretendía bailar, por lo que estábamos todos apretados como sardinas en lata. Nadie era capaz de dar ni un solo paso y la gente se limitaba a mover los brazos y las caderas al ritmo de la música. Ante la avalancha de gente yo me había separado unos metros de Eva y no alcanzaba a verla completamente. Cuando finalmente recuperé la visión del sitio donde estaba Eva la sangre me hirvió al comprobar que Roberto había conseguido posicionarse pegado a ella bailando al ritmo de la música. Ella al principio no se percató de que Roberto estaba detrás suya pero de repente él la susurró algo al oído y Eva dio un respingo. Confié en que mi mujer se desharía de él pero ella siguió bailando como si nada. Aumentó sus contoneos y empezó a bailar exageradamente sexy moviendo sus caderas en círculos. Con la esterchez que había él se había colocado tras Eva pegando su paquete contra el culo de mi mujer y lo movía a ritmo restragandolo todo lo que podía. Lo que más perplejo me dejó fue ver que Eva no se inmutaba y le seguía el rollo a su ex, dejando que este se creciera al ver su aceptación. De repente el macarra cogió por las caderas a mi mujer y apretando todavía más su paquete contra su culo comenzó a hacer movimientos de arriba hacia abajo. A estas alturas, el fino vestido que llevaba mi mujer debería estar metiendosele por la rajita del culo debido a la presión y el frotamiento que Roberto le hacía. Veía perfectamente como a medida que apretaba su culo contra el paquete del macarra Eva se iba excitando. Sus mejillas se sonrojaron.

El final de la canción pareció sacar a Eva de su éxtasis y abruptamente recuperó la compostura. La gente empezó a desaparecer de la pista de baile y Eva se separó de Roberto que volvió al borde de la pista a comentar la jugada con su amigote que no paraba de soltar carcajadas.

Me acerqué a Eva y le reporché:

– ¿Qué coño hacías restragando el culo contra el paquete de ese macarra?

– ¿Pero que dices? Si ni siquiera sabía que Roberto estaba detrás mía. Además tu eres el menos indicado para decirme nada, ¿o acaso no te acuerdas de las pajas con las fotos de mis amigas?

En ese momento me sentí muy culpable por el pasado y me tuve que callar como un imbécil. Agaché la cabeza y solo pude decir:

– Perdona no volveré a dudar de ti.

Entonces Eva se giró y siguió bailando. Al girar pude ver perfectamente que el vestido seguía metido por la raja de su culo. El restregón había debido ser de infarto, pero en ese momento no me sentía con derecho a reprochar nada.

Cuando acabó la canción Eva se dirigió a mi con tono todavía enfadado:

– Martín, voy un momento al lavabo a refrescarme y luego voy a hablar un rato con la novia. Tu mientras entretente un rato bailando y hablando con la gente que ahora vuelvo… Y deja de decir gilipolleces porque aquí al único que se le puede echar en cara algo es a tí.

De esta manera se deshizo de mí y se ausentó hacía el baño. Me quedé con cara de gilipollas y amedrentado por la repimenda que me había echado, volviendome a recordar que era un cabrón que había traicionado su confianza con las fotos de sus amigas. Me sentía fatal… Cuando Eva se dirigía hacia la escalera para bajar a los baños me percaté de que Roberto no quitaba ojo a cada uno de los movimientos que mi mujer hacía y cuando ella desapareció escaleras abajo, él dejó a su amigote con la palabra en la boca y decidió tomar el mismo camino. Esta acción me hizo saltar como un resorte y decidí seguirle a escondidas tratando de evitar que Eva volviera a verme desconfiando de ella. Confiaba en mi esposa sin lugar a dudas pero no confiaba en que el macarra de mierda intentará hacer algo con mi mujer.

Cuando llegué abajo a los servicios no había nadie fuera. Entré al baño de los chicos a ver si Roberto estaba pero no era así. Se me pasó por la cabeza que quizá se hubiera metido detras de Eva en el servicio de mujeres pero no quería entrar a comprobarlo porque no tenía pruebas de que Roberto estuviera dentro así que no quería cagarla otra vez.

Después de un momento de incertidumbre pude escuchar unos susurros. Provenían de una rejilla encima de los lavabos. Eché el cerrojo al servicio de los chicos, me subí a la encimera de los lavabos y me asomé. La sangre se me heló cuando vi que en el lavabo de las chicas estaban Eva y Roberto. Las imágenes no eran muy nítidas pero eran lo suficientemente claras como para ver todo sin problemas. Eva estaba apollada en la zona de los lavabos mirando al espejo de frente y detrás suyo Roberto se acercaba poco a poco hasta que se posicionó detrás, con el paquete en el culo de mi mujer. La altura era ideal ya que Roberto debería medir 1’78 y su paquete quedaba perfectamente a la altura del culo de Eva. De repente él empezó a besarle el cuello mientras agarraba las caderas de mi mujer aprisonandolas contra su paquete. Me quedé paralizado esperando que Eva cortara el rollo pero nada más lejos de la realidad. Echó la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos constató que estaba dispuesta a lo que fuera.

La mezcla de excitación, rabia y sometimiento formaban el coctel perfecto para mantenerme paralizado, observando todo, sin perder detalle y sin voluntad por mi parte de hacer algo. En parte seguía sintiendo que no tenía derecho a hacer nada ya que seguía sintiéndome culpable por las fotos de sus amigas. Quizá, el no actuar, compensaría el daño que hice a Eva en su día.

La cosa empezó a calentarse. Él empezó a sobarle sus grandes tetas mientras le babeaba el cuello. Él era como un animal y le apretaba las tetas sin delicadeza alguna. Pronto metió la mano por dentro del vestido y forzando el sujetador consiguió sacarle una teta. Eva empezaba a excitarse y su pezón duro lo delataba. Roberto entonces quiso ir más lejos y a la vez que amasaba con una mano la teta que quedaba al aire, con la otra empezaba a subir por su pierna en dirección al coño de mi mujer. El vestido de fiesta que llevaba Eva era corto, por encima de la rodilla, lo que hizo que Roberto la metiera mano sin dificultad. A medida que iba subiendo la mano vi perfectamente como la piel de mi mujer se erizaba. Le gustaba la idea de que su chulito le pudiera tocar su chochito.

Primero la tocó el culo agarrando sus carrillos como si de masa de pan se tratara. La imagen era bastante excitante: mientras con una mano la cogía el culo, con la otra le cogía una teta y con la lengua le chupaba la oreja. Eva respiraba bastante fuerte y más cuando él decidió bajar sus bragas de encaje hasta las rodillas y comenzó a tocarle el coño. Introdujo un dedo en su chochete, lo que hizó que Eva diera un respingo y soltara un pequeño grito. Él empezó a decirle improperios mientras empezaba a masturbarla:

– Te gusta, ¿eh zorrita? Estas empapada del gusto que te da… Estarás imaginandote que te voy a follar y por eso estas tan cachona, ¿eh?… No eres más que una zorra…

Parecía gustarle el hecho de sentirse sometida al poder de un chulo que la trataba como si fuera una puta.

– Te voy a follar putita… como te hacía antes… ¿te acuerdas?

– Ufff… que bien me follabas…

Al oír las palabras de Eva otro escalofrío me recorrió el cuerpo. Confirmé, como yo sospechaba, que mi dulce mujer me había engañado y que no había perdido la virginidad conmigo. A saber a cuantos se había follado antes que a mi… Me sentía indignado y a la vez cachondo. Solo la excitación de ver a mi mujer abierta de piernas, con las bragas por las rodillas y dejándose hacer un dedo por el hijo de puta de su ex me mantenía paralizado expectante de ver que pasaba.

Eva entonces se dio la vuelta. Ahora apoyaba su culo desnudo sobre el mármol de la encimera de los lavabos. Tenía el vestido arremangado por encima de sus caderas y las bragas negras por las rodillas. Él la bajó el vestido por la parte de arriba hasta la cintura. Le quitó el sujetador dejando sus grandes tetas con los pezones rosados al aire. Debido al tamaño gran tamaño se quedaron colganderas apuntando con sus duros pezones al cielo. Esta postura dejaba las tetas y el coño de mi mujer perfectamente expuestos a Roberto que no dudó un instante en empezar a chupar los pezones a la vez que introducía el dedo pulgar en el rubio coño de Eva. Ella se dejaba llevar completamente y su excitación llegaba a un punto bastante álgido. Estaba cachonda y quería follar ya.

– Venga Roberto, métemela ya.

Él hizo caso omiso y siguó metiendo con violencia el dedo en el coño.

– Por favor, Roberto, no aguanto más… ¡¡¡fóllame!!!

Se lo pidió varias veces con la voz entrecortada por la excitación que tenía. Estaba como una perra en celo deseando que su macho la penetrara. Pero la actitud de él seguía siendo la de chulo dominante. Sabía que la tenía en el bote y podría hacer lo que quisiera con ella:

– No me seas una puta ansiosa y déjame a mi disfrutar. Llevas toda la noche cachonda pidiendome que te folle pero ahora quiero que me pongas cachondo tu a mi, así que hazme una mamada de esas que solías hacerme…

– No, por favor, fóllame rápido que mi marido va a empezar a sospechar…

– ¡¡Cállate puta y chúpamela!! Tu marido es un pringao y aunque te follara delante de sus narices no se daría ni cuenta.

Acto seguido se desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con los gallumbos hasta los tobillos dejando su polla al aire. Indudablemente era más grande que la mía pero no tenía un tamaño exagerado. Debería medirle unos 15 o 16 centímetros y su grosor era normal. Lo que si se podía apreciar es que el tamaño de su glande era desproporcionado en comparación al tamaño del resto de su polla. Era bastante gordo y permanecía oculto bajo el pellejo de su cipote. Al principio, su arma descansaba en reposo y le pidió a ella que la pusiera en orden:

– Venga puta, a ver si eres capaz de ponermela dura.

Él se apoyó entonces contra el lavabo y ella se agachó a la altura de su cipote arrugado y negruzo. Era totalmente sumisa a las peticiones de su chulo y sin mediar palabra agarró la polla con la mano y empezó a menearla. Empezó acariciándola despacito, como dándola mimitos. La trataba con delicadeza como si fuera un gran tesoro que se acababa de encontrar. Parecía que nunca había olvidado esa polla tan especial para ella y que había tenido que conformarse con la mía durante estos años. Poco a poco asomó el capullo que permanecía oculto bajo la piel del cipote. El capullo brillaba por la humedad que se acumulaba y a mi parecer debería ser un poco desagradable. Eso no pareció importarle a Eva que de buenas a primeras se metió la polla de Roberto de un bocado como si de un dulce se tratara. Comenzó a mamarsela a un ritmo elegante agarrando la base de su polla con la mano derecha. Parecía una putita desesperada por agradar a su machito para que la siguiera dando su polla.

– Venga puta… chúpamela un poco más fuerte que si no no se me levanta… y si quieres que te folle se me tendrá que levantar, ¿no?… ¿tu quieres que te folle?.. ¿eh, puta?

Se adivinó que Eva dijo un’sí’.

– ¿Que has dicho zorra?

– Umm, umm…

Siguió chupándosela a un ritmo más fuerte como había dicho y parecía que poco a poco se iba entornando el falo de carne del macarra.

– Creo que voy a empezar a follarte ya. Te voy a follar esa boquita que tienes para dar besitos de amor a tu maridito… – dijo con tono jocoso.

Entonces agarró la cabeza de Eva con las dos manos y comenzó a follarse literalmente la boca de mi mujer. Lo hacía con violencia llegando a introducir la mayor parte de su polla dentro. Mi mujer no podía contener apenas las arcadas pero tampoco hacía intentos de parar a pesar de esa sensación de estar siendo violada por la boca. Empezaron a caerle lágrimas de los ojos por los esfuerzos que hacía para recibir los pollazos en su boca. Por un momento creí que se iba a axfisiar pero tras varias embestidas él dejo de forzarla. Sacó su ya erecta polla de la boca chorreante de mi mujer y le dedicó otro de sus insultantes comentarios:

– Seguro que en tu vida te han follado así la boca. El blando de tu marido no sabe como tratar a una puta como tu… Ahora prepárate que te voy a dar lo que llevas deseando desde que te dejé.

Eva se alegró. Al fin iba a sentir el tesoro dentro suyo. Se incorporó y se apayó con los antebrazos en el lavabo, poniendo su culazo en pompa y esperando ser follada. Tenía el vestido enrollado en la cintura, las bragas colgando de su tobillo izquierdo. Se quitó el sujetador y lo tiró al suelo que estaba bastante sucio. No pareció importarle este detalle ya que ella estaba centrada en recibir sus dosis de polla. Tenia unas pintas de puta barata que daban ganas de que su machito le diera su merecido. Roberto entonces se acercó y apuntó con la punta de su polla en la entrada de su coñito palpitante. Empezó introduciendo la puntita del cipote con golpecitos de polla. Eva se moría del gusto y pronto empezó a suplicar que se la metiera hasta el fondo, pero él en su misiva de cabrón quería hacerla sufrir un poco más. Mi mujer que estaba deseando ser ensartada en el falo de su chulo hizo un movimiento brusco con sus caderas hacia atrás, haciendo así que la polla de Roberto le penetara hasta el fondo que era lo que ella deseaba más en el mundo. Ella lanzó un gran grito de emoción. Por fin estaba recibiendo la polla que había deseado follarse durante todo este tiempo.

– Eso es… se nota que tienes ganas de mi polla… no hace falta ni que me mueva yo… ya estás tu para follarte solita…jajaja. No sabía que echabas tanto de menos mi cipote… Si tu marido supiera lo zorra que eres… Te voy a dar tu merecido.

Acto seguido, Roberto le agarró de sus caderas y comenzó a follarle salvajemente su coño que ya empezaba a sonrojarse. Las fuertes embestidas hacían que la cabeza de mi mujer se bamboleara como si de un muñeco de trapo se tratase. Entonces Roberto empezó a darla su merecido. Le agarró de los pelos tirando de ella hacia atrás para metérsela más a fondo. El pienado de Eva se deshizo por completo pero otra vez más no pareció importarle ese detalle. Me imaginaba que excusa me podría para explicarme que había pasado con su peinado.

Así estuvo durante unos minutos en los que cambiaba de ritmo de embestidas rápidas a embestidas lentas pero potentes. Eva estaba en un completo éxtasis y parecía disfrutar como nunca lo había hecho.

– Te gusta que te folle, ¿eh?… como buena zorra que eres…

– Aaahh… siiii… mmmm… sigue por favor… fóllame más fuerte.

Mi mujer no solía utilizar ese vocabulario cuando nosotros hacíamos el amor. Claramente ella se estaba follando a Roberto para sofocar sus instintos más animales. Tenía la certeza de que conmigo hacía el amor y con Roberto estaba follando, pero más tarde me daría cuenta que ella en verdad deseaba quedarse con Roberto para siempre.

– Quiero que me pidas que solo te folle yo. Que me digas que vas a ser mi esclava…

– mmm… siiii… solo quiero que me folles tu… solo quiero tu polla rica. Te prometo que solo me follará tu polla de ahora en adelante…

– Eso es, a partir de ahora solo te voy a follar yo, ¿entiendes?

– Sii, sii…

Las tetas de mi mujer botaban al ritmo de las embestidas de la bestia y llegaban a rozar el frío mármol del lavabo. Esto hacía que sus pezones estuvieran muy duros y él aprovechaba a agarrarlos y acariciarlos de vez en cuando mientras se la seguía follando.

Eva estaba a punto de correrse y en un ciclo de penetraciones rápidas recibió un gran orgasmo. Gritaba como una posesa. Yo nunca la había hecho gritar así y nunca la había dejado tan extasiada. Tampoco me imaginaba que por un polvo iba a ser capaz de decir todas esas cosas… Yo me sentía un poco decepcionado porque acababa de quedar patente que mi mujer era una putita que perdía los papeles por la polla de Roberto.

A pesar de que mi mujer ya se había corrido él continuó empujando para acabar. Roberto no llevaba condón puesto y yo esperaba que Eva recobrara por un momento la cordura y no le dejase que se corriera dentro. Esto podría tener consecuencias más serias ya que podría dejarla preñada o pegarla ladillas o algo así, pero nada más lejos de la realidad. Ella quería que él disfrutara a cualquier precio. Roberto siguió penetrándola hasta que por fin empezó a tener espamos soltando todo su semen dentro del coño de mi mujer. Yo seguía petrificado sin dar crédito a lo que estaba presenciando. Mi mujer ya había recobrado el aliento después de su orgasmo, pero parecía que no había recobrado la compostura dejando claramente que Roberto se corriera dentro de ella.

Cuando él hubo tenido el último espasmo sacó su polla flácida del coño de mi mujer chorreante de semen. La cara de cansancio de Roberto daba a entender que había dado todo lo de sí que podía y el chorreante coño de mi mujer constataba que había soltado una buena cantidad de esperma fertilizante dentro de mi querida esposa. Parte del semen con el que él la había rellenado comenzó a escurrirle por los muslos y mi mujer, con la ayuda de su dedo índice recogió parte. Yo pensé para mis adentros:

– Pero… ¿que coño va a hacer?

Ella siempre había tenido mucho rechazo al semen. Decía que olía fatal y le daban arcadas. No le gustaba ni tocarlo, pero parecía ser que era con el mío. Con el del hijo de puta este no tuvo ningún problema y cuando ví que se metía el dedo a la boca con algunos restos de semen me quedé alucinado. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue:

– ¡¡Que pedazo de puta es mi mujer!! ¡¡Será zorra!!… Encima parece que lo está disfrutando…

Por un momento casi me alegré de poder comprobar lo puta que podría ser porque así no me dejaba tan mal sabor de boca que Roberto la hubiera tratado como la furcia que realmente era…

Él, recuperando el aliento ordenó a Eva que le limpiara la polla con su boquita a lo que ella accedió sin poner ni una sola pega. Comenzó a lamérsela como si de un helado se tratase. Combinaba los lengüetazos con las succiones de su polla flácida. Entonces, cuando más empeño parecía que estaba poniendo mi mujer en dejar su polla limpia, Roberto decidió cortar la mamada dando un empujón a la cabeza de mi mujer hacia atrás. Eva se quedó mirándole sentada en el suelo con cara de asombro. Él comenzó a vestirse y antes de salir arrancó las bragas del tobillo de mi esposa, las olió y le dijo:

– Que ganas tenías de que te follara… De ahora en adelante vas a ser mi puta cuando yo quiera. Pide mi teléfono a alguno de éstos y llámame mañana para follar. Si no me llamas le enseñaré a tu marido las bragas y le contaré lo puta que eres…

Entonces cerró la puerta y dejó allí a mi mujer tirada, con el peinado y el vestido deshecho, con el sujetador tirado por el suelo sucio, con el coño, las piernas y la boca llenos de esperma… Eva se levantó, se empezó a arreglar el peinado y el vestido como pudo y se limpió con agua los restos de semen que habían quedado alrededor de su boca. A pesar de que no tenía muy buena pinta salió, sin ni tan siquiera limpiarse los restos de semen que le escurrían por los muslos…

Cuando conseguí recuperar un poco la compostura decidí subir de nuevo a la fiesta. La música sonaba pero yo no la escuchaba, la gente bailaba y reía pero yo lo veía todo borroso. Estaba en estado de shock. Iba como un zombi hasta que choqué contra una persona mayor que bailaba sin parar. Volví en mí y la primera imagen que tuve es la del hijo de puta de Roberto enseñando las bragas recien arrancadas del coño de mi mujer a su amigote que reía a carcajadas. Al mirar hacia el otro lado vi a mi mujer que se había intentado arreglar un poco las pintas hablando con Sandra, imagino que para pedirle el teléfono de Roberto…

Flaqueé y cai sentado en un sillón. Tras un buen rato se acercó mi mujer:

– ¿Donde estabas? Llevo un rato buscandote por la pista de baile y no te he visto.

No sabía ni que decir, ni como reaccionar, ni como mover un músculo de mi cuerpo. Seguía en mi estado vegetativo. Entonces Eva agregó:

– ¿Ya estás borracho otra vez? Bueno, pues ahí te dejo que yo me voy a bailar.

Se mezcló entre el público y siguió disfrutando de la fiesta como si nada. Estaba eufórica por el polvazo que había recibido…

No le dije nada en los sucesivos días a pesar de que se ausentaba con excusas estúpidas… Sabía que se estaba follando a Roberto… ¿Cuanto tardaría en dejarme por su chulito?

La relación seguía adelante por la costumbre y por mantener las apariencias pero ella y yo no hacíamos ya una vida normal. A ella no le importaba porque estaba satisfecha con sus encuentros con Roberto pero yo me limitaba a dejar pasar la vida… No sabía que hacer ni que decir hasta que al cabo del tiempo me di cuenta de que si esa era la vida que me esperaba más vale que la viviera de otra manera: dejar fluir mi imaginación y dar rienda a mis fantasías sexuales… pero eso amigos y amigas es una historia que dejaré para otro día…

sacado de aca

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