Solo sexo Un dia muy agitado… (Parte 2) (SEX)


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Solo sexo
JUEVES, 21 Hs. aprox., después de coger con Oscar:
No puedo creer todavía lo que pasó. Todavía estoy como en una nebulosa, acusando recibo de los cimbronazos que estremecen mi cuerpo en una forma que ni siquiera llegue a imaginarme. ¿Cómo pudo suceder? ¿Cómo pudo cambiar todo de un momento a otro? O quizás debería preguntarme, ¿Qué me está pasando? No creí llegar a este punto, jamás pensé atravesar esa línea que imaginaba tan lejana e inalcanzable.
Empiezo a escribir este relato pero no estoy segura de terminarlo, no creo estar en condiciones de hacerlo, quizás lo siga mañana, quizás no lo terminé nunca, no lo sé, de lo único que estoy segura ahora es que quiero disfrutar indefinidamente de esas voluptuosas sensaciones que todavía estreecen mi cuerpo.
Como ya saben, la presencia de Pablo en mi casa se me hacía prácticamente insoportable, no lo aguantaba, no lo podía ni ver, y lo peor de todo era que no podía decírselo a mi mamá porque duermen juntos, es su macho, y no quería crear un problema cuándo suponía que la mejor solución era irme y a otra cosa.
Por eso mismo me había puesto a buscar departamento, y por suerte ya había arreglado por uno que me gustó bastante, si bien tuve que coger con el de la inmobiliaria para conseguir algunos ?beneficios? creía que el sacrificio bien valía la pena? aunque cuándo me pongo a pensar en lo ocurrido en el departamento aún vacío aquella tarde me doy cuenta de que no fue tan sacrificado tampoco. Pero bueno, ya tenía todo arreglado, solo faltaba firmar el contrato y ya estaba. Una semana más y ya estaría en mi nuevo hogar, o eso parecía? hasta ese día. Fatídico día al que maldeciré por toda mi vida.
Llegué como siempre a casa después de haber estado con Oscar. Mi mamá llega más tarde, así que solo estaba mi abuela y Pablo. Mi abuela en su cuarto, claro. Pablo estaba tomando mate en la sala.
-Que tal nena, como te va, venís de coger, ¿no?- me dijo apenas me vio.
-Eso a vos no te importa- le digo rumbeando enseguida hacia mi cuarto.
Antes de que pueda llegar me intercepta y poniéndose frente a mí comienza a olerme, a olfatearme como si se tratara de un perro.
-¡Si? cogiste, tenés un olor a leche?!-
-Salí hijo de puta, dejame pasar- le digo y trato de evadirlo, pero enseguida me agarra y me impide avanzar.
-Pará nena, solo quiero decirte algo- me dice.
-¿Qué? Decime, dale- le digo apurándolo y tratando de soltarme.
-Mirá, visto y considerando que no te caigo muy simpático que digamos, tengo un trato para ofrecerte- me dice, soltándome.
-¿Qué clase de trato?- le pregunto.
-Un trato que te va a favorecer mucho, ya que implica que yo me vaya mañana mismo de esta casa-
Se me iluminó la mirada al escucharlo, pero enseguida empecé a carburar varias cosas.
-¿Y a cambio de que te vas a ir?- le pregunté con el ceño fruncido.
-A cambio de que nos echemos un polvo- respondió con una lasciva sonrisa.
-¡Sos un hijo de remil puta!- exclamé ? Te estás volteando a mi vieja y ¿también me querés voltear a mí?- me exalté.
-Bueno, en este caso prefiero a la hija por sobre la madre-
-Sos de lo peor-
-Ya lo sé, no hace falta que me lo digas, ¿pero que me decís del trato?, si aceptás no me ves nunca más-
Estuve a punto de mandarlo a la mismísima mierda, pero entonces me di cuenta que quizás esa era la oportunidad que tenía de librarme de él. Ya no lo aguantaba en casa, no lo toleraba ni por un segundo, sacando cuentas, el sacrificio bien podría valer la pena.
-¿Pero me asegurás que si me acuesto con vos al otro día te vas y no aparecés más por acá? y dejás a mi vieja tranquila?-
-Te doy mi palabra pendeja, te firmo lo que sea-
-Mirá que si no cumplís?-
-Voy a cumplir, cogemos y no me ves más el pelo, a no ser que sea en los policiales- se rió.
Lo pensé un momento. No tenía mucho que pensar de hecho, si quería librarme de él, tenía que ceder.
-Y? ¿no te importa que venga de coger con otro?- le pregunté.
-Eso me calienta más, por eso te quiero agarrar ahora mismo- me dice en una forma por demás libidinosa.
-Está bien, si con eso me libro de vos- le dije.
Se me abalanzó y empezó a toquetearme.
-Ya sabía que ibas a agarrar viaje-
-Pará, acá no, mi vieja puede llegar en cualquier momento, mejor vayamos a un telo- le propuse.
-Mirá que yo no tengo filo, eh-
-No te preocupes, yo lo pago, si es para librarme de vos va a ser una buena inversión- le dije y enseguida pensé:?además ya estoy acostumbrada?.
Arreglamos donde nos encontraríamos. No muy lejos de casa, para que no se nos hiciera muy tarde. Salimos en distintos momentos, por si nos cruzábamos a mi mamá al salir, por suerte eso no pasó. Yo llegué antes, así que lo estaba esperando en la esquina del telo. Apenas llegó, y sin que mediara saludo alguno, y ni una palabra siquiera fuimos y entramos. Pagué la habitación y ya a solas, le volví a recordar la parte del trato que más me interesaba.
-Que quede claro, cogemos y te mandas a mudar-
-Clarísimo- asintió.
-Después no me vengas con que?-
-No te preocupés nena, te la pongo, acabo y ya está, no me ves más el pelo- me repitió.
-Ok. Te tomo la palabra, ¿Cómo querés empezar?-
-Y? lo primero es lo primero? chupándome bien la pija- sentí una profunda repulsión cuándo me lo dijo, pero ya no me podía echar para atrás.
Se sentó entonces en la cama, se echo para atrás y me dejo todo a mí. Me acomodé en el suelo, entre sus piernas, como había hecho aquella vez con el flaco que me abordó en la calle, y le desabroché el pantalón, hasta ahí todo parecido, solo que esta vez no me podría escapar, sería esclava de mis propios demonios.
Cuándo le corrí para un costado el slip la pija saltó para afuera ya en posición de firmes. Gorda, negra y palpitante. Una vena gruesa y sinuosa la atravesaba desde la base hasta la punta. No tenía prepucio, estaba circuncidado, lo cuál me sorprendió, de modo que el glande sobresalía inmenso y resplandeciente por sobre el tronco.
No quería perder tiempo, quería que todo terminara cuánto antes, así que se la chupé a desgano? al principio, porque a medida que la iba saboreando y sentía como se hinchaba y goteaba en mi boca? le fui agarrando el gusto y lo que antes era repulsión ahora se había convertido en una sensación mucho más agradable. En un primer momento no me di cuenta de lo que estaba haciendo, pero cuándo alcancé a reaccionar le estaba comiendo los huevos con una avidez y fruición que no creía llegar a demostrar por Pablo.
Me quede quieta y mirándolo, sorprendida de mí misma, de repente todo se había dado vuelta, lo que sentía y expresaba por Pablo había dado un giro de 180 grados, ya no me parecía el ser odioso y repulsivo que creía, tampoco puedo decir que ahora me resultara amoroso y entrañable, pero si que tenía una muy buena poronga, la que en ese momento estaba en su máxima expresión. Sin embargo y aunque algo en mí había cambiado, no quise que se diera cuenta. Así que manteniéndome apartada, le pregunté:
-¿Y ahora?-
Se sacó el pantalón, el slip, también el buzo y la remera, por último las zapatillas y completamente desnudo se tendió en la cama.
-Ahora ponete en bolas y montame- me dijo a la vez que se colocaba un preservativo y se refregaba la pija en toda su extensión.
Hice lo que me pidió. Me saque toda la ropa y así desnuda me subí en la cama, acomodándome sobre él. Si antes sentía indiferencia, ahora temblaba toda y sentía como un nudo en el estómago, como algo que se preparaba para explotar en cualquier momento. Me abrí de piernas y me senté sobre él, tal cuál me había dicho, él mismo me acomodo la pija en la entrada, solo la puso ahí, la inercia hizo el resto.
-¡Ahhhhhhhhh?!- gemí complacida al sentirla entrar, si bien no quería demostrar que me gustaba, no pude evitarlo.
-¡Si mamita? sentíla? disfrutala?!- me dijo Pablo, agarrándome de la cintura y haciéndome bajar hasta que toda su verga quedó completamente incrustada en mi concha.
La sentía palpitar, llenándome hasta el último rincón disponible, prodigándome un sinfín de delicias que nunca imaginé llegar a recibir de él? precisamente de él? del hombre que más detestaba en el mundo? del hombre que deseaba ver fuera de mi vida para siempre. Pero mi cuerpo me contradecía, mi concha me decía otra cosa, y mis sentimientos por primera vez se volvían en mí contra.
-¡Así chiquita? movete? si? que bien que montás turra? si que la tenés clara vos!- me decía Pablo desde abajo, acariciándome los pechos, apretándomelos, retorciéndome los pezones, los cuáles parecía querer deshacer entre sus dedos.
Me dejo montarlo, me dejo manejar el ritmo, desplazarme a mis anchas, subir y bajar en la forma que yo creía adecuada, hasta que de a poco comenzó a mostrar la bestia que lleva adentro. Entonces me agarró de la cintura y comenzó a moverse él también, de abajo hacia arriba, metiéndome todo el resto que yo todavía no me había metido. Mis gemidos aumentaron de repente, comencé a sentir sus huevos golpeando contra las puertas de mi sexo, ese incesante repiqueteo que se traducía no solo en sus ganas sino también en las mías.
No quería evidenciar que la situación? mi situación para con él había cambiado, pero no podía detener la avalancha de gemidos y jadeos que sus embistes desde abajo me arrancaban. Eso, sumado a los temblores de mi cuerpo, a ese estremecimiento típico que solo el goce absoluto puede reflejar, me ponía en evidencia. Me delataba completamente. Ya sin fuerzas ni ganas para seguir fingiendo, me derrumbé sobre él y manteniéndome pegada a su cuerpo, deje que él manejara ahora el ritmo, que me cogiera a su modo, cerré los ojos y me entregué por completo, ya no me importaba nada, solo quería disfrutar ese momento, dejarme llevar y solo gozar, gozar y gozar.
No se en que momento me dio la vuelta, solo se que al abrir los ojos ya estaba debajo, y él arriba, embistiéndome con todo, sin dejar de mirar mi cara, la cuál de seguro esbozaba los mil y un gestos de placer. Mis piernas se abrían del todo para recibir las fuertes acometidas con que Pablo me ajusticiaba, al igual que mis labios, los que se abrían para recibir sus besos rebosantes de saliva y pasión.
Quizás debí decirle que ya estaba, que ya era suficiente, que acabara de una vez y que cumpliera con su parte del trato, y de seguro lo hubiera hecho, pero no se lo dije? quería más? quería que me siguiera cogiendo? quería seguir sintiendo esa increíble verga dentro de mí.
Luego de un rato, me la sacó, se levantó, y tendiéndome una mano me instó a hacer lo mismo. Ya de pie me pegó una fuerte palmada en la cola, y me empujó de cara frente al espejo. Me pegó otra palmada para que sacara la cola hacia fuera y se puso tras de mí.
-En la cárcel los putos hacían fila para que se las metiera- me susurró al oído mientras paseaba la punta de su pija por toda mi raya.
?Yo también haría fila para sentir esa delicia?, pensé. Igual no hacía falta que se lo dijera, mis suspiros eran muestra suficiente de lo mucho que me gustaba su verga.
-Ahí me hice adicto a los culos?- siguió susurrándome, ahora metiéndome un dedo ensalivado en el ojete ?Un buen culo como el tuyo me puede? te lo voy a hacer mierda, pendeja? vas a terminar cagando sangre después de que te lo rompa todo?-
Más allá del tono amenazante de sus expresiones, no me sentía para nada intimidada, es más, todo eso que me decía, me excitaba mucho más todavía, lo imaginaba en la cárcel enculando a quién se le pusiera enfrente y me ponía celosa, quería que me enculara a mí también, quería sentir su pija en mi culo, quería que me lo rompiera, que me lo destrozara, que me lo hiciera mierda, que me hiciera ?cagar sangre? tal como me había prometido.
Escuche como se escupía en la mano y a continuación sentí como me lubricaba el ojete con la escupida. No tuvo que hacer mucho más ya que la dilatación fue la adecuada. Entonces apoyó la punta de la pija en el ?hoyito? y? fui yo la que se echó para atrás al sentirla y me la comí casi hasta la mitad de un solo tirón.
-¡Eso negrita? hasta el fondo!- gritó Pablo dejando que me ocupara también del resto.
Mientras él se quedaba quieto, divertido con mi repentino cambio de actitud, empecé a moverme de atrás hacia delante, me apoyaba en el espejo de la pared, y tiraba toda mi cola hacia atrás para comérmela y hacia delante para soltarla, todo esto entre suspiros y jadeos de lo más apasionados. Me dejo hacer esto por un rato, hasta que me agarro fuerte de los pelos, clavándome casi los nudillos en el cuero cabelludo y tras decirme:
-¡Ahora si, agarrate mamita porque ahora empieza lo bueno?!- empezó a darme con todo.
De repente, lo de hacerme ?cagar sangre? cobraba sentido. Prácticamente me golpeaba contra el espejo con cada embestida, metiéndomela hasta lo más profundo, haciéndome sentir que mis intestinos se hacían a un lado para permitir todo su ingreso. En un momento, sin soltarme del pelo y sin dejar de darme, escupió en el espejo, cerca de mi cara, que estaba apoyada en el mismo, y me ordenó que lamiera su escupida. No me negué. Apoyada como estaba contra el espejo sobre mi mejilla derecha, saqué la lengua y lamí la saliva que chorreaba en el vidrio.
-¡Así mamita? muy bien?!- me dijo complacido por mi predisposición, tras lo cuál volvió a escupir varias veces más en el espejo, haciendo que limpiara sus escupidas con mi lengua.
Con la pija bien metida en mi culo, me llevó agarrada del pelo hacia la cama, en donde me puso en cuatro y me siguió dando como si tuviera en mente sacármela por la garganta. Sus muslos chocaban contra mis nalgas produciendo un ruido exquisito y ensordecedor, sabía que después de eso me quedarían las piernas entumecidas pero no me importaba, estaba más allá de todo y de todos, me importaba un carajo lo que pudiera pasar después, en lo único que pensaba era en el momento, ese momento.
Agarrándome bien fuerte de la cintura me embestía una y otra vez con un vaivén que amenazaba con sacarme volando de la cama en cualquier momento. Me la metía un rato por el culo y otro rato por la concha, alternando ambos agujeros con una habilidad impresionante, no sé porque pero me daba la impresión que prefería cogerme por el culo antes que por la concha, quizás le había quedado ese gusto de todo el tiempo que estuvo preso, igual no me importaba, a veces yo también prefiero sentirla por ahí, y Pablo me estaba dando con el gusto.
Cuándo me la sacó, luego de un rato, creí que el agujero del culo no se me cerraría nunca. Manteniéndome siempre agarrada del pelo, me dio la vuelta y me bajó hasta su erección, la cuál estaba toda enrojecida y rebosante de vigor.
-¡Chupámela bien chupada mamita?!- me dijo a la vez que me la metía en la boca y comenzaba a moverse con los movimientos propios del sexo. Me cogía por la boca el guacho, haciéndomela tragar casi hasta ahogarme. Me la mandaba casi entera, casi hasta el esófago, haciéndome saltar las lágrimas debido a todo lo que me veía obligada
a contener. En eso me sacó la pija de un tirón y al dejarme con la boca abierta, me escupió adentro, haciéndome saborear de nuevo su saliva. En verdad tenía una obsesión con eso, le gustaba escupirme y que yo me tragara sus escupidas. Lo calentaba ver como me las tragaba sin chistar.
Me puso entonces de espalda, se colgó mis piernas sobre sus hombros y me la metió por la concha. Suspiré de alivio al sentirla por ahí, ya que mi maltratado culito imploraba una tregua. Me agarró bien fuerte de los muslos y empezó a darme con ese salvajismo que ya era natural en él. Entraba y salía con un ritmo arrollador, sacudiéndome con cada embiste, haciéndome saltar de la cama, manteniéndome en vilo en todo momento con esa verga que parecía salida del mismo Averno. Pero? ¡como me gustaba!
Raúl, mi novio, Oscar, todo había pasado a un segundo plano, nada me importaba más que seguir cogiendo con Pablo, seguir sintiendo esa verga deslizándose por lo más íntimo de mis entrañas. Nunca la había tenido, pero ya sentía que la necesitaba. ¡Y cuánto la necesitaba!
Ya podía sentir los estremecimientos del orgasmo que se acercaba, inminente, impostergable, inclaudicable? un par de embistes más y Pablo que se derrumba sobre mí, con todo el peso de su excitada humanidad, me la deja bien clavada adentro y entre plácidos suspiros acaba ruidosamente. El forro que se llena con su leche, el sudor de su cuerpo que se confunde con el mío. En pleno goce busca mi boca con la suya y me besa. Le correspondo. Ya no quiero eludirlo. Chupo su lengua y sus labios, mientras dejo que las sensaciones del polvo se diluyan por cada rincón de mi cuerpo. Nos miramos, ninguno dice nada, las palabras no son necesarias en momentos como esos. Tanto él como yo sabemos muy bien que lo que acabamos de hacer ha superado por completo nuestras mayores expectativas. Antes de entrar en esa habitación, me imagine saliendo corriendo de allí, entre lágrimas de rechazo y frustración, pero ahora? ahora quería quedarme ahí, debajo de su cuerpo, sentir los latidos de su corazón confundiéndose con los míos, sentir su aliento, su sexo dentro del mío.
Finalmente se levantó, y con el forro lleno de leche aún colgándole de la pija se fue al baño. Yo me quede en la cama, acariciándome la concha, sintiendo todavía los estragos que había provocado en mí, estragos no solo físicos, sino también emocionales. ¿Qué pasaría después?, no lo sabía, ni siquiera me importaba. Pablo acababa de cogerme y eso era lo único que tenía en mente por el momento.
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