Teniendo sexo 6 de 15 (SEX)


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Teniendo sexo
Cuando entré a Poringa, ya hace cuatro años, comencé a postear historias, obviamente todas verídicas.

Esta zaga la escribió una querida amiga que si estuviera conmigo ahora, seguramente sería Jugosas.

Sus relatos son de una tensión sexual muy interesante ya que son totalmente verídicos como dije antes.

Todas fueron publicadas hace muchos años algunas revistas para hombres.

Por casualidad todo quedó en un harddisc de mi posesión y decidí que era hora de hacerlas conocer.

Hace mas de 11 años que no la veo, pero si lo lee, que me lo haga saber. (debe andar por los 53 años en la actualidad)

Después de tanta explicación, va el relato tal cuál ella lo escribió

Y nos fuimos de vacaciones a Mardel, al departamento de mis padres y pasó el verano sin pena ni gloria.

Roberto estaba muy bien con su trabajo, no nos faltaba nada. En realidad a mí me faltaban varias cosas. Necesitaba el teléfono en el departamento en forma urgente, ya le había tirado onda a Roberto para que me comprara un autito para mí y necesitaba trabajar. No aguantaba mas estar todo el día en casa con los chicos.

El mas grande empezó el jardín con lo cual lidiaba solo con dos pero las mañanas se hacían complicadas.

Entre Febrero y Marzo salí un par de veces mas con Mario, todo de diez, estaba cumpliendo su promesa de hacerme conocer los telos de Baires.

Un día me invitó a conocer su oficina, toda una aventura ya que estaba en San Justo, realmente un lugar bastante difícil.

Me pedí un remise y partí para allá. Iba con un vestido negro finito de verano, sandalias de taco alto (siempre uso taco alto, me levantan la cola). Si estan pensando que estaba provocativa, si, lo estaba. En realidad siempre me vestí en forma provocativa, me gustaba que los hombres me miraran y las minas me envidiaran.

Llegué al lugar, que en realidad era un taller de máquinas pesadas, entré y pregunté por Mario. Un operario me acompañó hasta una oficina en el fondo. Fierros, grasa y mugre por todos lados. Mientras entraba pensaba como un tipo tan cuidadoso en su persona podía trabajar allí.

Llegamos a la oficina, golpeó y salió Mario que me saludó con un beso en la mejilla y me hizo pasar.

La oficina era hermosa, nada que ver con lo que se veía afuera. Sentado al escritorio había otro hombre que se paró, se dio vuelta para saludarme.

Que sorpresa ¡!, era el socio de Mario, Juan y repito que sorpresa, alto buen mozo con una pinta de hombre que daba vueltas. Unos faroles celestes que me miraron y creo que en ese momento un chorrito de pis se me escapó. Se acercó y me dio un beso en la mejilla con una sonrisa espectacular.

Tomamos café y estuvimos conversando de nada un buen rato. Juan dijo que tenía que irse y nos dejó solos.

Mario se levantó, lo despidió y trancó la puerta de la oficina.

Yo estaba sentada en un silloncito, se acercó y me puso el bulto a la altura de la cara. Se agachó nos besamos y empecé mi rutina, le bajé el cierre, le saqué la pija afuera que todavía no estaba dura y empecé a chuparla. El seguía parado agarrándome la cabeza con las manos. Iba marcando el ritmo de la paja mientras se le endurecía cada vez mas.

Con el movimiento, la mini se me iba subiendo a punto tal que ya se me veía la tanga. Me dasabrochó unos botones de la blusa y empezó a tocarme las tetas por encima del corpiño. Me había puesto corpiño por que no sabía con que me iba a encontrar en el lugar y no quería aparecer como tan descarada.

Se la chupé un rato, le mordí los huevos y me los puse en la boca hasta que sentí que Mario se venía. Me agarré fuerte a su cadera y sentí como empezaba a largar leche. Iba despacito por lo que pude tragarla toda, tenía un gustito dulzón, nada parecida a la de Roberto. Cuando terminó le chupé la cabeza y se la besé. El se agachó y me dio unos besos largos y profundos.

Me había gustado poder satisfacer a Mario, pero ahora había otra cosa rondando en mi cabeza. Juan me había parecido muy interesante.

Salimos del taller y nos fuimos para la Capi a tomar un café. En el viaje Mario aprovechó para masturbarme con la mano con que hacía los cambios. Cuando acabé ayudada por mis dedos él me metió un dedo bien adentro y me lo dio para que se lo chupara. Me lo chupé todo, me encantaba tambien disfrutar de mi lechita.

En la confitería me dijo que Juan era muy buen cocinero y que nos había invitado a comer cuando quisiéramos, que él cocinaba.

Por supuesto acepté la invitación sin dudar.

Llegué a casa justo para preparar la cena por lo que Roberto me preguntó donde había estado. Se me estaba complicando un poco la cosa. Volví a pensar en Lili y sus consejos.

Al día siguiente Roberto apareció con un teléfono celular de Movicom, esos que llamaban ladrillos y costaban una fortuna por que recién aparecían. Me dijo que era para mí, que lo había sacado a través de la empresa con una serie de facilidades. Esto me facilitaba las cosas además de poder pavonearme con mis amigas.

Yo la morochita campesina con teléfono celular hmmmm.

Todo se me estaba dando tal cual yo lo quería, cuanto iba a durar? no lo sabía pero mientras durara lo iba a aprovechar.

Besos


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